Unidad e Imperio
Por primera vez voy a
hablar en un acto político.
No tengo facilidad natural
de palabra, y la única justificación que puedo tener para dirigirme a vosotros,
es que lo que os voy a decir es una cosa sentida, metida muy dentro de mi
pensamiento y de mi corazón, no de hoy, sino que se ha ido incubando a través
de los años y a través de la lucha por la vida.
Tampoco hablaría si no
tuviera la convicción de que lo que os voy a decir, a consecuencia de una
decisión tomada después de gran meditación, no es que sea un punto de partida,
pero sí es un guión o una ayuda a una obra de reconstrucción creadora y
optimista.
Como primer jalón en el
razonamiento, hago la afirmación de que la unidad nacional política no se hizo
con fines económicos, sino con fines de expansión internacionales, fines al
servicio de ideas comunes y universales. No se hizo para cambios de mercancías
suplementarias, como sucede hoy en los países danubianos. No. La unidad
espiritual estaba hecha y fué la unión de pueblos pletóricos de vida, a quienes
no les bastaban ya sus fronteras dada su gran vitalidad. Tened por seguro que
si no hubiésemos descubierto América, África se habría incorporado a la
civilización cristiana y occidental muchos años antes.
Pues ese ideal superior que
unió a los pueblos de España es necesario tenerlo hoy, y para ello hay que
crearlo o inventarlo, pues de una cosa podemos estar seguros: España no podrá
ser una unidad siguiendo, como ahora, en que en el Estado, en poder siempre de
unos pocos, no reinan más que luchas de intereses, luchas de clases, luchas de
regiones; en el que los partidos, azuzando estas divisiones y estas luchas, las
utilizan para que vivan sus oligarquías, convirtiendo a la organización estatal
en una burocracia ineficaz que parece tener por fin principal el de alimentar a
las pandillas electoreras a costa del sudor y de la miseria de los trabajadores
y productores.
Y España no puede ser esto.
Como he dicho antes, España o es Imperio o se deshace. Hemos estado viviendo a
costa de lo que crearon nuestros padres hace cuatro siglos; como el capital lo
hemos perdido, tenemos que trabajar para rehacerlo.
Destrucción del Estado
¿Cómo?
Antes de entrar en la parte
constructiva debemos pasar revista someramente, pero con crudeza y verdad, a la
situación actual.
El país está desde hace
muchos años, muchos, en un proceso de descomposición, y un síntoma de ello es
que las clases dirigentes, vergonzosamente abandonaron el cumplimiento estricto
del deber y cobardemente no han defendido sus prerrogativas; en que todo aquel
que tiene autoridad: jueces, oficiales, propietarios, etc., parece que se
avergüenzan en mantener alta su jerarquía.
En que el Estado, servido
por organizaciones anquilosadas e ineficaces, con Reglamentos para su
funcionamiento producto de la poca confianza en sí mismos, quita a los
funcionarios responsabilidad y con ello les quita también autonomía y eficacia.
Se votó contra la Monarquía
porque en las elecciones del 12 de abril ésta representaba el anterior
espíritu: partidos ficticios, privilegios, luchas y ninguna esperanza; todo lo
que Primo de Rivera quiso destruir con el aplauso unánime de la nación. Este
fué el error de los partidos monárquicos: no pudieron, no supieron o no
quisieron levantar un símbolo ni abrir una esperanza a una renovación.
Lo que ha venido después,
¿qué ha sido?
En una sola palabra se
puede resumir: una falsificación. Lo explicaré. Los republicanos se llamaban y
se llaman revolucionarios y no ha existido tal revolución, pues han conservado
todos los sistemas viejos inservibles y han aumentado sus lacras. Una
revolución verdad tiene su justificación para todas las crueldades e
injusticias que produce, en la grandeza de sus fines (equivocados o no) ;
grandeza que si existe, obliga a sus hombres representativos a un espíritu de
sacrificio, a una rigidez en su vida grande. ¿Lo hemos visto en España?
Les ha faltado el tiempo
para lo contrario; el pueblo, con su innato instinto, empezó a burlarse de los personajes
y personajillos por su afán de disfrutar y gustar todos los pequeños
refinamientos y prejuicios de la burguesía y nobleza combatidas. Basta para ver
la pequeñez y mezquindad de esta revolución que al año había fracasado por los
enchufes y por él uso de los automóviles oficiales.
La antinación en marcha
Pero esto no tiene
importancia comparado con el hecho siguiente: en vez de una revolución nacional
ha sido un atraco antinacional.
Nos han estado gobernando
dos únicos partidos que tenían fuerza y masa: el socialismo y la esquerra
catalana, ambos antinacionales; ahora se ve bien esta verdad. Pues ¿qué cuentan
en estas elecciones Acción Republicana y Radicales Socialistas? Nada; como dijo
Pérez Madrigal, caben en un autobús.
Sólo gobernaron e impusieron
normas estos dos partidos antes dichos. Los demás eran bambalinas, sujetos al
poder únicamente por su egoísmo y tontería, y a conciencia, o sin saberlo, han
sido traidores a su Patria y a sus ideas (si las tenían) .
He hablado de revoluciones
(no de golpes de mano que tienen por objeto cambios de nombre y de personas
únicamente), y veréis que hasta la revolución rusa, hecha en nombre de un
principio universalista e internacional, ha terminado por hacer un estado
nacionalista e imperialista, y la propaganda de su internacionalismo no es más
que la bandera que cubre el designio de supremacía de Rusia y Moscú. Para ello
crea poderes dentro de los demás Estados, poderes a su vez en dependencia
directa de Moscú. ¿Qué consignas tienen? Minar todos los valores y fuerzas
nacionales - Ejército, Magisterio, funcionarios públicos, ferrocarriles, etc. -
y, sobre todo, el de ayudar a todos los separatismos. Los comunistas no rusos
son todos ellos soldados de una potencia extranjera en guerra, y como a tales
hay que tratarlos.
Voy a decir unas palabras
sobre el terror ejercido durante estos años, terror que si hoy es más suave es
debido al pequeño cambio operado a raíz del castigo cruel representado
trágicamente en Casas Viejas. ¿Sabéis qué representaba este terror? Pues,
primero, debilidad, y segundo, miedo.
El vencedor es siempre
pacifista. Todo lo contrario de lo que ha sido el hecho de los Gobiernos Azaña.
Por defender su situación han utilizado leyes antidemocráticas y
anticonstitucionales, han combatido sólo con insultos, negando a sus contrarios
todo lo noble que había en ellos; pero no a los contrarios a España, ni
siquiera a los antirrepublicanos, sino a todos los que combatían y propagaban
sus errores; en cambio han vivido en maridaje absurdo con elementos turbios,
con el solo fin de defender su poder, promulgando leyes de opresión que son
índices de debilidad, y según la teoría democrática y liberal, indican una
sinrazón, que sólo ha servido para dársela a los que resueltamente los han
combatido.
En estos años en España se han podido hacer
toda clase de propagandas. La comunista, la separatista y las que tendían a
destruir todos los valores morales de España. En cambio ha sido un delito, un
insulto a ese poder antinacional, hacer una declaración de fe española. Ha sido
delito gritar ¡Viva España! Han lanzado a la parte inconsciente y baja del
pueblo en contra de todo lo que indicase un movimiento español.
¿En qué se basaban para
esto?
¿Dónde están esos grandes
ideales que lo justificaban?
Por lo visto hasta ahora,
parece que el sistema republicano implantado, tiene la misión histórica de
debilitar el Estado y precipitar su desintegración.
Descrédito de los partidos
Pero veamos el porvenir.
¿Qué se ofrece a la vista?
Partidos, muchos partidos;
unos, nacionales; otros, regionales; de derecha, centro o izquierda, y cada uno
de éstos con varios matices.
El principal de ellos, por
su disciplina y su fuerza, es el socialista, ¿y éste dónde va? Pues quieran o
no sus dirigentes, irán fatalmente a la revolución social y a la dictadura del
proletariado. Tiene razón Largo Caballero al plantear así el destino de su
partido.
¿Y podrá hacer la
revolución? Yo creo que no; primero, porque ha sido un partido sindical que ha
cumplido como tal su misión: no ha inculcado a sus masas afán combativo ni fe;
las ha movido sólo para fines económicos. Y sobre todo, sus directores en el
poder han tenido todas las debilidades y flaquezas que he dicho antes. ¿La
podrán hacer ahora?
Difícil y penosa es tu
tarea, Largo Caballero.
¿Dónde va a buscar hombres
con espíritu de sacrificio, idealistas y audaces, si desde el Poder habéis
hecho lo contrario?
En un partido social sin
más fin que reivindicaciones económicas, nunca pueden llevar los directores a
las masas a los fines teóricos, defendidos por sus doctrinas, sin otras
pasiones y sin otras aspiraciones que las que les han inculcado.
¿Qué va a hacer? ¿Apoyarse
en la masa para armar unos brazos y sembrar odios, consiguiendo sólo que la
anarquía a que lentamente nos conducen llegue con más rapidez? ¿O va a
nacionalizar su partido y querer llegar a nuestro fin por distinto camino? De
todas las maneras, hay que considerarlo como nuestro enemigo principal, y no
digo primero porque tendremos que hacer frente a los partidos separatistas.
El resto de los partidos de
izquierda, centro y derecha, no harán más que proponer, hablar, ofrecer, lanzar
al viento frases bonitas, más o menos generosas; pero son incapaces para
resolver la crisis y los problemas fundamentales de nuestra nación.
En primer lugar, ¿van a
poder contener la descomposición nacional de que he hablado antes? No, pues la
primera condición para ello es que la labor de siembra sea hecha en la
oposición, en lucha constante, pues así es como se crea el espíritu
revolucionario que no se puede crear ni modificar con decretos ni leyes.
Los partidos republicanos
que se dicen revolucionarios han demostrado su incapacidad, y los otros, los
que intentan de nuevo gobernar, a esos ni siquiera les daremos tiempo para
fracasar.
Anarquía y bancarrota
El régimen liberal
democrático ha creado dos hijos que se atacan entre sí y han dejado inservible
a su creador; estos dos retoños son: el poder financiero o dicho exactamente,
el poder del dinero organizado, y el poder social.
¿Qué hace el Estado ante
ellos? Ceder siempre ante cualquiera de los dos que se lo exijan, y enzarzarlos
más y más en sus luchas. En estos dos años las Empresas financieras grandes y
las masas proletarias han tenido su máximo poder. ¿Quién lo ha sufrido? Pues
los productores y trabajadores. Y como consecuencia, pues, han matado
iniciativas y amor al trabajo, y nos han empujado un poco más a la anarquía.
En el mitin del Cine Europa
los tres líderes socialistas hicieron números y quisieron demostrar que la
crisis de España era debida a la mundial. No lo voy a discutir, pero la crisis
económica grande viene ahora.
Hasta este momento el campo
se ha estado comiendo su capital. Y ahora, ¿qué van a hacer los labradores
arruinados? ¿Caer en las garras del dinero a interés? Y en el caso de que se lo
den, ¿dónde van a vender nuestros frutos de selección después de habernos
dejado ganar los mercados y después de los formidables (?) Convenios
comerciales firmados?
¿Y los fabricantes de
tejidos van a vender en una España arruinada y van a poder competir fuera de
ella, enfrente de naciones que han sabido defenderse? No; la crisis empieza
ahora, y con ella la miseria, las luchas y la anarquía.
¿Van a poder hoy los
partidos, en danza con nuestra constitución y nuestro Parlamento, y sobre todo
con su espíritu, luchar con la miseria, la desesperanza, las rivalidades y los
egoísmos? No.
Veremos Gobiernos varios,
más a la izquierda, más a la derecha; amenazas obreras, golpes de mano, etc.;
pero sin encontrar la solución definitiva. Y es que para este régimen parlamentario
de partidos no la tienen. Y los que tengan hambre necesitan pan con actos
legales o no, parlamentarios o no, y los gobernantes autoridad, y sobre todo
poder de continuidad para llevar a término planes extensos que puedan
satisfacerla.
Una fe, clave del poder
Todo poder tiene que
apoyarse en una fe, que inspire devoción, suscite entusiasmos y obtenga una
obediencia. En España, ¿cuál? ¿Democracia? ¿Parlamentarismo? ¿Programas
inconcretos de partidos nebulosos? Yo creo que no; que únicamente el sentimiento
totalitario de la Patria, de nuestra España, pobre y decadente hoy, pero capaz
de ser grande y generosa no sólo para los demás, sino para nosotros los
españoles, es el único aglutinante que puede unirnos y darnos una fe llena de
esperanza y tan grande como para pediros sacrificios.
Hay que crear una idea
central para acoplar moral y materialmente a los distintos pueblos españoles,
que les abra nuevos horizontes a la ilusión.
La revolución no se ha
hecho, y fatalmente se tiene que hacer; o la hacemos nosotros o la harán otros,
y ya sabéis cuáles han de ser éstos, pues la anarquía en que caminamos tendrá
que salir a una revolución: a la nuestra, o a la socialista.
¿Cómo hacer nuestra
revolución?
En primer lugar hay que
tener el convencimiento de que es necesario transformar la manera de ser y el
concepto de la vida de la mayoría de los españoles; nuestra idea es crear
hombres, y éstos, creando un nuevo Estado, darían a la nación sustancia y
vigor.
Hay que reaccionar
valientemente contra esa desesperanza que lleva dentro de su alma todo español,
infundiéndole un afán creador, para sobreponernos a ese mal, y que del
optimismo y audacia salga el propio convencimiento de nuestra personalidad y de
nuestra capacidad.
Y con este nuevo concepto,
más abierto, más libre y más valiente, no temamos al mañana próximo, pues la
vida es lucha y combate, y este combate hay que aceptarlo con la sonrisa en los
labios como un deporte.
El campo traicionado y los obreros indefensos
Tenemos que hacer que cada
español sienta su función y que se dedique a ella, manteniendo siempre su
jerarquía y su disciplina.
Hay que ir al campo, no a
decirle que se afilie o apoye a un partido más, sino a convencerle de que su
remedio está en él mismo, que ellos tienen que resolver el problema de ventas,
compras, jornales, vida y producción, etc., etc. Hay que enseñarles que todos
los partidos políticos de hoy viven a su costa, y que aunque se llamen agrarios
tienen su cabeza y su estómago en la ciudad; que hoy, los bancos, los
intermediarios, acaparadores, organizaciones caciquiles y políticas, los
explotan; y su arma es el sindicato de producción y trabajo, apolítico, como
única defensa, y por él conseguirán vender, y al vender no solamente ganarán la
pura subsistencia, sino que librarán de toda traba sus instrumentos de trabajo
y mejorarán de vida, y sobre todo, que es lo fundamental, entonces, y sólo
entonces, es cuando pesarán en el Gobierno del país con su propia significación
por medio de sus sindicatos, y darán a la política la entereza, el vigor y el
españolismo propios de los que trabajan y cultivan la tierra de España y que
por regarla con su sudor la sienten y la quieren.
Esto ya sé que es fácil
decirlo, pero no conseguirlo. Para ello habrá que luchar mucho constantemente,
pues se han de oponer todas las fuerzas que hoy sitian al agro. En la lucha
tendrán que seguir una línea de conducta dura y fuerte; no tendrán que
detenerse a discutir, siempre obrar, y cada día tiene que terminar con un paso
adelante. Al vencer un obstáculo hay que proceder sin crueldad; pero sin
debilidad; lo esencial es que el obstáculo desaparezca
"definitivamente".
A los obreros sindicalistas
hay que convencerles que somos tan sindicalistas como ellos; pero creadores de
riqueza. No solamente reconocemos los Sindicatos, sino que de ellos haremos una
de las bases de nuestro sistema. Tenemos lo que a ellos les falta: un plan de
conjunto, armónico y creador. Defendemos como cosa fundamental, la iniciativa
particular y la propiedad privada; pero para quitar la tiranía del dinero
abarataremos éste en sus rentas parasitarias y los Sindicatos intervendrán en
la plusvalía de las Empresas.
Que sepan los obreros que
nuestro Estado no es un simple observador de las luchas entre sus componentes.
Nosotros sentamos el principio de solidaridad, de hermandad, entre todos los
españoles. Hoy el Estado exige del individuo la vida en la guerra o en la paz;
pero después lo deja abandonado en la lucha por la existencia. ¡Y qué lucha! Un
niño pobre, -o un ser débil con cualidades físicas e intelectuales pequeñas,
¿qué puede ser? ¿Se le puede hablar de libertad o de derechos individuales? Si
lo hacen le harán objeto de una burla pesada: será siempre un esclavo.
Nuestro Movimiento, y no es
un ofrecimiento, sino un compromiso solemne,, en el momento de tener el Poder
(y cuando lo tenga no habrá más poder que nosotros), dará a todos los españoles
una vida digna a base de trabajo. ¿Puede ser así?
Incremento de España
Indudablemente, hoy en
España está casi todo por hacer; tenemos que trabajar mucho para que nuestro
"standard" de vida sea análogo al de los pueblos europeos ricos. No
hay que apurarse por ello, basta un poder estable que pueda mandar según planes
amplios y a larga distancia.
He dicho antes que no se
había hecho la revolución, y ahora lo repito. No se ha hecho ni la revolución
social ni la económica, y nosotros la tenemos que hacer. No cabe duda de la
existencia de un desequilibrio, de una tara, en la estructura económica de la
sociedad desde el momento que hay superproducción y hay al mismo tiempo
miseria, ya que a una gran parte de la población le falta casi lo más
indispensable para la vida. Se vive en chozas y la industria de la construcción
está parada.
A mi modo de ver, no es
sino que la máquina y la técnica han ido más de prisa que la sociedad; y ésta,
en sus luchas de posiciones y de egoísmos, dentro de un estado liberal, no
puede ni podrá resolver este nudo gordiano.
Solamente lo podrá hacer
nuestro estado totalitario, justo, con verdaderas raíces dentro de nuestro
pueblo, el que impondrá sacrificios a unos y otros en nombre de nuestro
principio de hermandad y solidaridad.
Sé que con los obreros
lucharemos al principio de una manera violenta, tal vez largo tiempo en plan de
guerra. Nunca debemos rehusar la batalla; pero siempre, y constantemente,
tenemos que ponernos en contacto con ellos y obligarles a que oigan nuestras
doctrinas, en la seguridad de que ellos serán, al final, nuestro apoyo mayor.
Llamamiento a la juventud
¡Jóvenes españoles! Hay que
lanzarse a la conquista de España y darle una personalidad propia, y esto lo
conseguiremos en cuanto España tenga una unidad de pensamiento.
Nos dirán que queremos la
guerra; pero no nos importa; nos interesa ser lo mismo que el individuo:
fuertes y bien preparados para la lucha, no solamente para impedir los abusos
del más fuerte, sino para ser generosos.
Voy a terminar hablando de
la organización.
Hemos sido autorizados por
la Dirección de Seguridad, y este Movimiento va a salir a la lucha en
condiciones difíciles de vida: por un lado, va a tener a las organizaciones
obreras con procedimientos de violencias y exclusivismos; por otro lado, a los
partidos republicanos, y por otro, a las derechas que defienden a la
desesperada sus patrimonios el material y el religioso. Nosotros no buscamos votos,
buscamos hombres que trabajen en todo momento y ocasión, que llevados por su
entusiasmo y fe en la obra a conseguir, sean los soldados y los obreros de la
organización que proponemos, y que por tanto, será un organismo vivo, de acción
directa, de ofensa y defensa.
Cada día hemos de alcanzar
una meta. Tenemos que ir adelante. No podemos discutir, hay que obrar y si así
lo hacemos, no habrá fuerza capaz que nos impida el llegar a nuestra meta
final, o sea crear una España fuerte y generosa con sus hijos, para legar a los
nuestros un país en que, en vez de desilusión, reine la esperanza; en vez de
egoísmo, la generosidad.
Adelante, españoles. ¡Todo
para España!