martes, 12 de febrero de 2013

DISCURSO PRONUNCIADO POR JULIO RUIZ DE ALDA EN EL TEATRO DE LA COMEDIA EL 29 DE OCTUBRE DE 1933


Unidad e Imperio

Por primera vez voy a hablar en un acto político.
No tengo facilidad natural de palabra, y la única justificación que puedo tener para dirigirme a vosotros, es que lo que os voy a decir es una cosa sentida, metida muy dentro de mi pensamiento y de mi corazón, no de hoy, sino que se ha ido incubando a través de los años y a través de la lucha por la vida.
Tampoco hablaría si no tuviera la convicción de que lo que os voy a decir, a consecuencia de una decisión tomada después de gran meditación, no es que sea un punto de partida, pero sí es un guión o una ayuda a una obra de reconstrucción creadora y optimista.
Como primer jalón en el razonamiento, hago la afirmación de que la unidad nacional política no se hizo con fines económicos, sino con fines de expansión internacionales, fines al servicio de ideas comunes y universales. No se hizo para cambios de mercancías suplementarias, como sucede hoy en los países danubianos. No. La unidad espiritual estaba hecha y fué la unión de pueblos pletóricos de vida, a quienes no les bastaban ya sus fronteras dada su gran vitalidad. Tened por seguro que si no hubiésemos descubierto América, África se habría incorporado a la civilización cristiana y occidental muchos años antes.



Pues ese ideal superior que unió a los pueblos de España es necesario tenerlo hoy, y para ello hay que crearlo o inventarlo, pues de una cosa podemos estar seguros: España no podrá ser una unidad siguiendo, como ahora, en que en el Estado, en poder siempre de unos pocos, no reinan más que luchas de intereses, luchas de clases, luchas de regiones; en el que los partidos, azuzando estas divisiones y estas luchas, las utilizan para que vivan sus oligarquías, convirtiendo a la organización estatal en una burocracia ineficaz que parece tener por fin principal el de alimentar a las pandillas electoreras a costa del sudor y de la miseria de los trabajadores y productores.
Y España no puede ser esto. Como he dicho antes, España o es Imperio o se deshace. Hemos estado viviendo a costa de lo que crearon nuestros padres hace cuatro siglos; como el capital lo hemos perdido, tenemos que trabajar para rehacerlo.

Destrucción del Estado

¿Cómo?
Antes de entrar en la parte constructiva debemos pasar revista someramente, pero con crudeza y verdad, a la situación actual.
El país está desde hace muchos años, muchos, en un proceso de descomposición, y un síntoma de ello es que las clases dirigentes, vergonzosamente abandonaron el cumplimiento estricto del deber y cobardemente no han defendido sus prerrogativas; en que todo aquel que tiene autoridad: jueces, oficiales, propietarios, etc., parece que se avergüenzan en mantener alta su jerarquía.
En que el Estado, servido por organizaciones anquilosadas e ineficaces, con Reglamentos para su funcionamiento producto de la poca confianza en sí mismos, quita a los funcionarios responsabilidad y con ello les quita también autonomía y eficacia.
Se votó contra la Monarquía porque en las elecciones del 12 de abril ésta representaba el anterior espíritu: partidos ficticios, privilegios, luchas y ninguna esperanza; todo lo que Primo de Rivera quiso destruir con el aplauso unánime de la nación. Este fué el error de los partidos monárquicos: no pudieron, no supieron o no quisieron levantar un símbolo ni abrir una esperanza a una renovación.
Lo que ha venido después, ¿qué ha sido?
En una sola palabra se puede resumir: una falsificación. Lo explicaré. Los republicanos se llamaban y se llaman revolucionarios y no ha existido tal revolución, pues han conservado todos los sistemas viejos inservibles y han aumentado sus lacras. Una revolución verdad tiene su justificación para todas las crueldades e injusticias que produce, en la grandeza de sus fines (equivocados o no) ; grandeza que si existe, obliga a sus hombres representativos a un espíritu de sacrificio, a una rigidez en su vida grande. ¿Lo hemos visto en España?
Les ha faltado el tiempo para lo contrario; el pueblo, con su innato instinto, empezó a burlarse de los personajes y personajillos por su afán de disfrutar y gustar todos los pequeños refinamientos y prejuicios de la burguesía y nobleza combatidas. Basta para ver la pequeñez y mezquindad de esta revolución que al año había fracasado por los enchufes y por él uso de los automóviles oficiales.

La antinación en marcha

Pero esto no tiene importancia comparado con el hecho siguiente: en vez de una revolución nacional ha sido un atraco antinacional.
Nos han estado gobernando dos únicos partidos que tenían fuerza y masa: el socialismo y la esquerra catalana, ambos antinacionales; ahora se ve bien esta verdad. Pues ¿qué cuentan en estas elecciones Acción Republicana y Radicales Socialistas? Nada; como dijo Pérez Madrigal, caben en un autobús.
Sólo gobernaron e impusieron normas estos dos partidos antes dichos. Los demás eran bambalinas, sujetos al poder únicamente por su egoísmo y tontería, y a conciencia, o sin saberlo, han sido traidores a su Patria y a sus ideas (si las tenían) .
He hablado de revoluciones (no de golpes de mano que tienen por objeto cambios de nombre y de personas únicamente), y veréis que hasta la revolución rusa, hecha en nombre de un principio universalista e internacional, ha terminado por hacer un estado nacionalista e imperialista, y la propaganda de su internacionalismo no es más que la bandera que cubre el designio de supremacía de Rusia y Moscú. Para ello crea poderes dentro de los demás Estados, poderes a su vez en dependencia directa de Moscú. ¿Qué consignas tienen? Minar todos los valores y fuerzas nacionales - Ejército, Magisterio, funcionarios públicos, ferrocarriles, etc. - y, sobre todo, el de ayudar a todos los separatismos. Los comunistas no rusos son todos ellos soldados de una potencia extranjera en guerra, y como a tales hay que tratarlos.
Voy a decir unas palabras sobre el terror ejercido durante estos años, terror que si hoy es más suave es debido al pequeño cambio operado a raíz del castigo cruel representado trágicamente en Casas Viejas. ¿Sabéis qué representaba este terror? Pues, primero, debilidad, y segundo, miedo.
El vencedor es siempre pacifista. Todo lo contrario de lo que ha sido el hecho de los Gobiernos Azaña. Por defender su situación han utilizado leyes antidemocráticas y anticonstitucionales, han combatido sólo con insultos, negando a sus contrarios todo lo noble que había en ellos; pero no a los contrarios a España, ni siquiera a los antirrepublicanos, sino a todos los que combatían y propagaban sus errores; en cambio han vivido en maridaje absurdo con elementos turbios, con el solo fin de defender su poder, promulgando leyes de opresión que son índices de debilidad, y según la teoría democrática y liberal, indican una sinrazón, que sólo ha servido para dársela a los que resueltamente los han combatido.
 En estos años en España se han podido hacer toda clase de propagandas. La comunista, la separatista y las que tendían a destruir todos los valores morales de España. En cambio ha sido un delito, un insulto a ese poder antinacional, hacer una declaración de fe española. Ha sido delito gritar ¡Viva España! Han lanzado a la parte inconsciente y baja del pueblo en contra de todo lo que indicase un movimiento español.
¿En qué se basaban para esto?
¿Dónde están esos grandes ideales que lo justificaban?
Por lo visto hasta ahora, parece que el sistema republicano implantado, tiene la misión histórica de debilitar el Estado y precipitar su desintegración.

Descrédito de los partidos

Pero veamos el porvenir. ¿Qué se ofrece a la vista?
Partidos, muchos partidos; unos, nacionales; otros, regionales; de derecha, centro o izquierda, y cada uno de éstos con varios matices.
El principal de ellos, por su disciplina y su fuerza, es el socialista, ¿y éste dónde va? Pues quieran o no sus dirigentes, irán fatalmente a la revolución social y a la dictadura del proletariado. Tiene razón Largo Caballero al plantear así el destino de su partido.
¿Y podrá hacer la revolución? Yo creo que no; primero, porque ha sido un partido sindical que ha cumplido como tal su misión: no ha inculcado a sus masas afán combativo ni fe; las ha movido sólo para fines económicos. Y sobre todo, sus directores en el poder han tenido todas las debilidades y flaquezas que he dicho antes. ¿La podrán hacer ahora?
Difícil y penosa es tu tarea, Largo Caballero.
¿Dónde va a buscar hombres con espíritu de sacrificio, idealistas y audaces, si desde el Poder habéis hecho lo contrario?
En un partido social sin más fin que reivindicaciones económicas, nunca pueden llevar los directores a las masas a los fines teóricos, defendidos por sus doctrinas, sin otras pasiones y sin otras aspiraciones que las que les han inculcado.
¿Qué va a hacer? ¿Apoyarse en la masa para armar unos brazos y sembrar odios, consiguiendo sólo que la anarquía a que lentamente nos conducen llegue con más rapidez? ¿O va a nacionalizar su partido y querer llegar a nuestro fin por distinto camino? De todas las maneras, hay que considerarlo como nuestro enemigo principal, y no digo primero porque tendremos que hacer frente a los partidos separatistas.
El resto de los partidos de izquierda, centro y derecha, no harán más que proponer, hablar, ofrecer, lanzar al viento frases bonitas, más o menos generosas; pero son incapaces para resolver la crisis y los problemas fundamentales de nuestra nación.
En primer lugar, ¿van a poder contener la descomposición nacional de que he hablado antes? No, pues la primera condición para ello es que la labor de siembra sea hecha en la oposición, en lucha constante, pues así es como se crea el espíritu revolucionario que no se puede crear ni modificar con decretos ni leyes.
Los partidos republicanos que se dicen revolucionarios han demostrado su incapacidad, y los otros, los que intentan de nuevo gobernar, a esos ni siquiera les daremos tiempo para fracasar.

Anarquía y bancarrota

El régimen liberal democrático ha creado dos hijos que se atacan entre sí y han dejado inservible a su creador; estos dos retoños son: el poder financiero o dicho exactamente, el poder del dinero organizado, y el poder social.
¿Qué hace el Estado ante ellos? Ceder siempre ante cualquiera de los dos que se lo exijan, y enzarzarlos más y más en sus luchas. En estos dos años las Empresas financieras grandes y las masas proletarias han tenido su máximo poder. ¿Quién lo ha sufrido? Pues los productores y trabajadores. Y como consecuencia, pues, han matado iniciativas y amor al trabajo, y nos han empujado un poco más a la anarquía.
En el mitin del Cine Europa los tres líderes socialistas hicieron números y quisieron demostrar que la crisis de España era debida a la mundial. No lo voy a discutir, pero la crisis económica grande viene ahora.
Hasta este momento el campo se ha estado comiendo su capital. Y ahora, ¿qué van a hacer los labradores arruinados? ¿Caer en las garras del dinero a interés? Y en el caso de que se lo den, ¿dónde van a vender nuestros frutos de selección después de habernos dejado ganar los mercados y después de los formidables (?) Convenios comerciales firmados?
¿Y los fabricantes de tejidos van a vender en una España arruinada y van a poder competir fuera de ella, enfrente de naciones que han sabido defenderse? No; la crisis empieza ahora, y con ella la miseria, las luchas y la anarquía.
¿Van a poder hoy los partidos, en danza con nuestra constitución y nuestro Parlamento, y sobre todo con su espíritu, luchar con la miseria, la desesperanza, las rivalidades y los egoísmos? No.
Veremos Gobiernos varios, más a la izquierda, más a la derecha; amenazas obreras, golpes de mano, etc.; pero sin encontrar la solución definitiva. Y es que para este régimen parlamentario de partidos no la tienen. Y los que tengan hambre necesitan pan con actos legales o no, parlamentarios o no, y los gobernantes autoridad, y sobre todo poder de continuidad para llevar a término planes extensos que puedan satisfacerla.

Una fe, clave del poder

Todo poder tiene que apoyarse en una fe, que inspire devoción, suscite entusiasmos y obtenga una obediencia. En España, ¿cuál? ¿Democracia? ¿Parlamentarismo? ¿Programas inconcretos de partidos nebulosos? Yo creo que no; que únicamente el sentimiento totalitario de la Patria, de nuestra España, pobre y decadente hoy, pero capaz de ser grande y generosa no sólo para los demás, sino para nosotros los españoles, es el único aglutinante que puede unirnos y darnos una fe llena de esperanza y tan grande como para pediros sacrificios.
Hay que crear una idea central para acoplar moral y materialmente a los distintos pueblos españoles, que les abra nuevos horizontes a la ilusión.
La revolución no se ha hecho, y fatalmente se tiene que hacer; o la hacemos nosotros o la harán otros, y ya sabéis cuáles han de ser éstos, pues la anarquía en que caminamos tendrá que salir a una revolución: a la nuestra, o a la socialista.
¿Cómo hacer nuestra revolución?
En primer lugar hay que tener el convencimiento de que es necesario transformar la manera de ser y el concepto de la vida de la mayoría de los españoles; nuestra idea es crear hombres, y éstos, creando un nuevo Estado, darían a la nación sustancia y vigor.
Hay que reaccionar valientemente contra esa desesperanza que lleva dentro de su alma todo español, infundiéndole un afán creador, para sobreponernos a ese mal, y que del optimismo y audacia salga el propio convencimiento de nuestra personalidad y de nuestra capacidad.
Y con este nuevo concepto, más abierto, más libre y más valiente, no temamos al mañana próximo, pues la vida es lucha y combate, y este combate hay que aceptarlo con la sonrisa en los labios como un deporte.

El campo traicionado y los obreros indefensos

Tenemos que hacer que cada español sienta su función y que se dedique a ella, manteniendo siempre su jerarquía y su disciplina.
Hay que ir al campo, no a decirle que se afilie o apoye a un partido más, sino a convencerle de que su remedio está en él mismo, que ellos tienen que resolver el problema de ventas, compras, jornales, vida y producción, etc., etc. Hay que enseñarles que todos los partidos políticos de hoy viven a su costa, y que aunque se llamen agrarios tienen su cabeza y su estómago en la ciudad; que hoy, los bancos, los intermediarios, acaparadores, organizaciones caciquiles y políticas, los explotan; y su arma es el sindicato de producción y trabajo, apolítico, como única defensa, y por él conseguirán vender, y al vender no solamente ganarán la pura subsistencia, sino que librarán de toda traba sus instrumentos de trabajo y mejorarán de vida, y sobre todo, que es lo fundamental, entonces, y sólo entonces, es cuando pesarán en el Gobierno del país con su propia significación por medio de sus sindicatos, y darán a la política la entereza, el vigor y el españolismo propios de los que trabajan y cultivan la tierra de España y que por regarla con su sudor la sienten y la quieren.
Esto ya sé que es fácil decirlo, pero no conseguirlo. Para ello habrá que luchar mucho constantemente, pues se han de oponer todas las fuerzas que hoy sitian al agro. En la lucha tendrán que seguir una línea de conducta dura y fuerte; no tendrán que detenerse a discutir, siempre obrar, y cada día tiene que terminar con un paso adelante. Al vencer un obstáculo hay que proceder sin crueldad; pero sin debilidad; lo esencial es que el obstáculo desaparezca "definitivamente".
A los obreros sindicalistas hay que convencerles que somos tan sindicalistas como ellos; pero creadores de riqueza. No solamente reconocemos los Sindicatos, sino que de ellos haremos una de las bases de nuestro sistema. Tenemos lo que a ellos les falta: un plan de conjunto, armónico y creador. Defendemos como cosa fundamental, la iniciativa particular y la propiedad privada; pero para quitar la tiranía del dinero abarataremos éste en sus rentas parasitarias y los Sindicatos intervendrán en la plusvalía de las Empresas.
Que sepan los obreros que nuestro Estado no es un simple observador de las luchas entre sus componentes. Nosotros sentamos el principio de solidaridad, de hermandad, entre todos los españoles. Hoy el Estado exige del individuo la vida en la guerra o en la paz; pero después lo deja abandonado en la lucha por la existencia. ¡Y qué lucha! Un niño pobre, -o un ser débil con cualidades físicas e intelectuales pequeñas, ¿qué puede ser? ¿Se le puede hablar de libertad o de derechos individuales? Si lo hacen le harán objeto de una burla pesada: será siempre un esclavo.
Nuestro Movimiento, y no es un ofrecimiento, sino un compromiso solemne,, en el momento de tener el Poder (y cuando lo tenga no habrá más poder que nosotros), dará a todos los españoles una vida digna a base de trabajo. ¿Puede ser así?

Incremento de España

Indudablemente, hoy en España está casi todo por hacer; tenemos que trabajar mucho para que nuestro "standard" de vida sea análogo al de los pueblos europeos ricos. No hay que apurarse por ello, basta un poder estable que pueda mandar según planes amplios y a larga distancia.
He dicho antes que no se había hecho la revolución, y ahora lo repito. No se ha hecho ni la revolución social ni la económica, y nosotros la tenemos que hacer. No cabe duda de la existencia de un desequilibrio, de una tara, en la estructura económica de la sociedad desde el momento que hay superproducción y hay al mismo tiempo miseria, ya que a una gran parte de la población le falta casi lo más indispensable para la vida. Se vive en chozas y la industria de la construcción está parada.
A mi modo de ver, no es sino que la máquina y la técnica han ido más de prisa que la sociedad; y ésta, en sus luchas de posiciones y de egoísmos, dentro de un estado liberal, no puede ni podrá resolver este nudo gordiano.
Solamente lo podrá hacer nuestro estado totalitario, justo, con verdaderas raíces dentro de nuestro pueblo, el que impondrá sacrificios a unos y otros en nombre de nuestro principio de hermandad y solidaridad.
Sé que con los obreros lucharemos al principio de una manera violenta, tal vez largo tiempo en plan de guerra. Nunca debemos rehusar la batalla; pero siempre, y constantemente, tenemos que ponernos en contacto con ellos y obligarles a que oigan nuestras doctrinas, en la seguridad de que ellos serán, al final, nuestro apoyo mayor.

Llamamiento a la juventud

¡Jóvenes españoles! Hay que lanzarse a la conquista de España y darle una personalidad propia, y esto lo conseguiremos en cuanto España tenga una unidad de pensamiento.
Nos dirán que queremos la guerra; pero no nos importa; nos interesa ser lo mismo que el individuo: fuertes y bien preparados para la lucha, no solamente para impedir los abusos del más fuerte, sino para ser generosos.
Voy a terminar hablando de la organización.
Hemos sido autorizados por la Dirección de Seguridad, y este Movimiento va a salir a la lucha en condiciones difíciles de vida: por un lado, va a tener a las organizaciones obreras con procedimientos de violencias y exclusivismos; por otro lado, a los partidos republicanos, y por otro, a las derechas que defienden a la desesperada sus patrimonios el material y el religioso. Nosotros no buscamos votos, buscamos hombres que trabajen en todo momento y ocasión, que llevados por su entusiasmo y fe en la obra a conseguir, sean los soldados y los obreros de la organización que proponemos, y que por tanto, será un organismo vivo, de acción directa, de ofensa y defensa.
Cada día hemos de alcanzar una meta. Tenemos que ir adelante. No podemos discutir, hay que obrar y si así lo hacemos, no habrá fuerza capaz que nos impida el llegar a nuestra meta final, o sea crear una España fuerte y generosa con sus hijos, para legar a los nuestros un país en que, en vez de desilusión, reine la esperanza; en vez de egoísmo, la generosidad.
Adelante, españoles. ¡Todo para España!