martes, 12 de febrero de 2013

PALABRAS PROFÉTICAS ESCRITAS POR JULIO RUIZ DE ALDA EN 1933 EN OCASIÓN DE QUE EL GOBIERNO MARXISTA DEL PRIMER BIENIO PROHIBÍA LA CELEBRACIÓN DE UNA ASAMBLEA NACIONAL DE CAMPESINOS QUE QUERÍAN PROTESTAR DE SU NEFASTA POLÍTICA AGRARIA



(Publicado en Informaciones)

Un movimiento auténticamente nacional

Días antes de la suspensión de la Asamblea había previsto este hecho. Esta previsión está fundada en mi modo de ver y sentir los acontecimientos españoles desde el año 28 hasta la fecha. Para mí, la Asamblea de los Agrarios tenía una importancia trascendente y fundamental. Era reunir treinta o doscientos mil labradores españoles de todas las regiones y pueblos; treinta o doscientos mil labradores españoles puros, que aman a su tierra y por lo tanto a España, que luchan por ella, aman a su familia, pues ésta es una unidad en el trabajo, que venían a Madrid en son de protesta contra una política representativa y fracasada del Movimiento de abril de 1931.


Completamente desesperanzados sobre la actuación de los partidos, los organizadores decían que era una Asamblea "apolítica" y la concentración agraria era para dar fuerza a la presentación de unas conclusiones de tipo económico y social, que todo gobierno no marxista tiene que recoger, aunque no las pueda cumplir.
En este momento español, estos hombres, fatalmente, oirían en Madrid unas palabras ardorosas y exaltadas, pocas, pero dichas con fe, las cuales les entrarían en el corazón, hablándoles de una España grande y fuerte, con ambición colectiva, trabada y unida en el amor, hecha y dirigida para y por los trabajadores y productores. Se les hablaría de una vida alegre, trabajosa y combativa.
Castellanos y andaluces, aragoneses y navarros, en una palabra, toda España, iba a sentir un anhelo común, y existía el peligro de que la fe española entrase en ellos y de que fuesen a sus pueblos a ser los heraldos de esta nueva ilusión; y eso está prohibido en España.
Aquí se puede ser todo, menos español: marxista o separatista, masón o ginebrino, o bien ser un resignado a un vivir mezquino y pobre; pero todas las organizaciones están unidas para matar en flor un movimiento auténticamente nacional.
Los socialistas vieron el peligro y se opusieron al acto; el Gobierno, al sentirlo, lo suspendió y los organizadores cedieron. Pero tened por seguro, labradores y trabajadores de la tierra, que estas palabras e ideas las oiréis, después las sentiréis y, por último, las impondréis.
Adelante, labradores de España.