(Publicado en
Informaciones)
Un movimiento auténticamente nacional
Días antes de la suspensión
de la Asamblea había previsto este hecho. Esta previsión está fundada en mi
modo de ver y sentir los acontecimientos españoles desde el año 28 hasta la
fecha. Para mí, la Asamblea de los Agrarios tenía una importancia trascendente
y fundamental. Era reunir treinta o doscientos mil labradores españoles de
todas las regiones y pueblos; treinta o doscientos mil labradores españoles
puros, que aman a su tierra y por lo tanto a España, que luchan por ella, aman
a su familia, pues ésta es una unidad en el trabajo, que venían a Madrid en son
de protesta contra una política representativa y fracasada del Movimiento de
abril de 1931.
Completamente
desesperanzados sobre la actuación de los partidos, los organizadores decían
que era una Asamblea "apolítica" y la concentración agraria era para
dar fuerza a la presentación de unas conclusiones de tipo económico y social,
que todo gobierno no marxista tiene que recoger, aunque no las pueda cumplir.
En este momento español,
estos hombres, fatalmente, oirían en Madrid unas palabras ardorosas y
exaltadas, pocas, pero dichas con fe, las cuales les entrarían en el corazón,
hablándoles de una España grande y fuerte, con ambición colectiva, trabada y
unida en el amor, hecha y dirigida para y por los trabajadores y productores.
Se les hablaría de una vida alegre, trabajosa y combativa.
Castellanos y andaluces,
aragoneses y navarros, en una palabra, toda España, iba a sentir un anhelo
común, y existía el peligro de que la fe española entrase en ellos y de que
fuesen a sus pueblos a ser los heraldos de esta nueva ilusión; y eso está
prohibido en España.
Aquí se puede ser todo, menos
español: marxista o separatista, masón o ginebrino, o bien ser un resignado a
un vivir mezquino y pobre; pero todas las organizaciones están unidas para
matar en flor un movimiento auténticamente nacional.
Los socialistas vieron el
peligro y se opusieron al acto; el Gobierno, al sentirlo, lo suspendió y los
organizadores cedieron. Pero tened por seguro, labradores y trabajadores de la
tierra, que estas palabras e ideas las oiréis, después las sentiréis y, por
último, las impondréis.
Adelante, labradores de
España.