martes, 12 de febrero de 2013

TIERRA



No conviene que al enfocar el estudio del problema de la tierra adoptemos un punto de vista fragmentario. Sería erróneo considerar sus distintos aspectos, financiero, técnico, administrativo, etc., y descuidar su función total que es la de servir al hombre. Encaucemos, pues, nuestro examen, no olvidándonos de referir continuamente al hombre nuestras observaciones y nuestros hallazgos. Resultará así nuestro trabajo más complejo, pues será forzoso continuamente juntar al frío y exacto análisis de la realidad la consideración de sus efectos morales. Queda indicado con esto que no se resuelve este problema con expedientes de tipo externo material, y es inútil añadir, por tanto, que no tiene salida satisfactoria en el orden presente. Es menester transformar el espíritu actual; la solución de este problema es, en consecuencia, trabajo de muchos años.


Para resolverlo habrá que luchar con la desconfianza, harto fundada, de los labradores. El campesino se ha vuelto receloso y suspicaz para todos los que se acercan a proponerle recursos con que aliviar su malestar porque se ha visto siempre burlado u olvidado. Mas nosotros le conquistaremos, porque él ha de ser uno de los soportes básicos de nuestra revolución e iniciaremos esa conquista formando núcleos juveniles (que ya existen en gran cantidad de pueblos) que mantengan bien despierto el sentido nacional.
Y les atraeremos a nuestra bandera no señalando al Estado, según es costumbre en estas propagandas, como remedio a sus males sino a ellos mismos. Ellos, con fuerte ánimo, con el optimismo bien templado, deben ser los que pongan término a su mal sin esperar la ayuda, que nunca llega, de un mentiroso sistema. Ya basta para engaño el que significó el 12 de abril, cuyo aniversario coincide ahora en su fracaso.

España y sus zonas

Examinado nuestro país por encima pueden distinguirse en él las siguientes zonas: La que podríamos llamar "verde", que abarca Galicia, las Vascongadas, Navarra y una pequeña parte de León; la parte andaluza; la meseta y, finalmente, Levante. La primera es explotada por familias que viven en pleno campo y cultivan por sí mismas la tierra; su producción tiene un carácter marcadamente familiar, y como consiste en gran parte en productos derivados de la ganadería, como leche, manteca, etc., es casi continua. Tienen en esa zona asignado un gran papel nuestros sindicatos para suministrar abonos, aportar perfeccionamientos técnicos, etc. ; pero sobre todo para gestionar la venta y colocación de los productos. Habrá también el Estado que nosotros propugnamos de cuidar la enseñanza de tipo profesional, pero no por empleados que lo hagan de un modo frío y rutinario sino por gentes compenetradas con los campesinos y sus necesidades y que sientan los problemas de la tierra.
Cataluña y Levante son comarcas ricas, excelentemente cultivadas y aprovechadas y en las que existe, aunque no tan extendida como en la zona antedicha, la producción familiar, pese a la creencia general de que en estas regiones predomina el industrialismo. Los productos de esta zona, frutas principalmente, son de calidad y están destinados, por tanto, a la exportación.
La zona andaluza puede ser subdividida en otras dos: secano y olivar. Esta última, como se sabe, es de producción variable y tiene el inconveniente de ocupar sólo durante poco tiempo a los obreros; no llega a cuatro meses entre las dos faenas de la poda y la recolección. La solución para este largo paro de ocho meses quizá estuviera en emplear a los mismos obreros en industrias de tipo familiar derivadas de la aceituna, en entregarles para su cultivo parcelas de regadío.
Llegamos, por fin, a la meseta, zona la más considerable de España. Las lluvias son escasas e irregulares y en ella podemos distinguir dos partes: la dedicada al cultivo del trigo y demás cereales y la que no admite por su pobreza ni este cultivo ni casi ningún otro. En la primera no se han llegado a alcanzar las cifras de producción proporcionadas a la riqueza del terreno, por falta de capital y de técnica. Hay un trabajo inmenso a emprender en este sentido, sobre todo contra el absentismo, que es una de las mayores plagas para los campesinos. Es necesario que el dinero del campo no vaya íntegro a la ciudad, sino que se devuelva en buena parte al mismo campo con el fin de emplearlo en mejoras agrícolas. Ya Mussolini dictó una ley obligando a los propietarios a dedicar la mitad de sus ganancias a adelantos técnicos, saneamiento de la vivienda rural, etc., y nosotros habremos de seguirle por este camino.
Será necesario también, tanto en esta zona como en otra, agrupar fincas pequeñas hasta constituir grandes patrimonios con el fin de que en ellos se puedan aplicar los métodos que ordena la técnica e intensificar de este modo la producción. Es preciso ensayar el cultivo colectivo por grandes Sindicatos de labradores; será la única manera de que los campesinos puedan vivir, porque ahora, por la escasez de sus medios y lo rudimentario de sus procedimientos, la floja renta de sus tierras les hace arrastrar una existencia miserable.
En cuanto a los que habitan suelos estériles serán trasladados a comarcas feraces, dedicando esos terrenos a lo único que parece que sirven, a la repoblación forestal. Esta Castilla desnuda será entonces un inmenso bosque donde habitarán gentes si no ricas, al menos fuertes, sanas y alegres.

Riegos y Confederaciones

España podría aumentar considerablemente su producción de frutas y hortalizas con el riego; comarcas hoy infecundas podían emplearse en este cultivo; todo ello originaría una gran actividad industrial, como la de fabricación de almíbares, conservas de frutas y legumbres, etc., y el movimiento comercial consiguiente al intercambio de estos productos. En la zona de Levante, en las partes que hay agua, merced a un sistema admirable, el riego se hace directamente, sin necesidad de apelar a ninguna instalación. En Andalucía, en los sectores a donde se podría llevar el agua, se alega, para que no se haga, que el coste de la instalación necesaria nunca sería compensado por el producto de las tierras. Quizá sea, efectivamente, antieconómica una medida en tal sentido, mas no se puede negar su importancia social. Atendiendo a eso, el Estado Nacional Sindicalista pondría su esfuerzo en esta tarea, aunque esa obligación fuese para él una grave carga.
Respecto a las Confederaciones, son tan halagüeños sus resultados que sólo en ellas se ha podido lograr lo que se llama la bonifica integral, que es ya una realidad en la Confederación del Ebro. Pero para crear una Confederación es menester recoger una comarca entera, mejorar sus comunicaciones, estudiar detenidamente sus condiciones, etc. Y hay que darles un margen amplio de libertad y cuidar su unidad para que la dispersión no las haga infecundas. El Estado se descargaría con esa autonomía de una serie de quehaceres que ahora asume sin necesidad. Lograría paliar el paro con grandes construcciones necesarias, ocuparía después a esos mismos obreros en industrias anejas a los resultados del riego y aun absorbería las familias de suelos estériles de que antes se habló. Excusado es señalar la importancia política de estas medidas. El modo de ejecutarlas sería con dinero del Estado, pero gratuito, porque a él sólo incumbe la misión de crear la riqueza nacional. Los usuarios serían responsables de las servicios utilizados.
La repoblación forestal ha de ser el índice del resurgimiento de España. El día que comiencen los yermos a cubrirse de árboles habremos sin duda logrado iniciar la marcha ascendente de nuestra Patria. Para esta gran tarea de formar una de las más fuertes bases de la riqueza nacional serán movilizadas patrióticamente las juventudes.
En una palabra podría resumirse ` cuanto es preciso hacer: apostolado. Es necesario comenzar un verdadero apostolado entre los hoy desheredados campesinos, que ha de consistir en enseñarles con cariño y cordialidad, en fortalecer los Sindicatos, en dar vida a las Confederaciones, en acometer una decisiva política rural. Pero todo eso forma parte de un solo plan y ese plan sólo puede ser ejecutado dentro de nuestro Estado Nacional Sindicalista. Por eso dijimos al principio que las milicias de los campesinos habrían de ser los pilares de nuestro Movimiento; porque al hacer la Revolución Nacional resolverían su problema, que es uno de nuestros más anchos y angustiosos problemas: el problema de la tierra, y salvarían todo un patrimonio material y moral - que reside en el "sentido campesino de la vida" - sobre el que descansa toda verdadera civilización.