Epílogo aparecido en la traducción española del libro de este nombre, de Mussolini
Existe la leyenda, de que
el fascismo es sólo un régimen de opresión y tiranía, cuyo fin es conservar
privilegios a las clases acomodadas, y de que el medio que emplea para
conseguir este fin es la violencia.
Nada más lejos de la
realidad, como habrán observado los que lean este libro, donde las doctrinas
son expuestas, por el fundador de ellas, en ese estilo peculiar suyo, de gran
definidor, claro, concreto y conciso, después de haberlas llevado a la
práctica, y que al cabo de diez años han hecho de Italia una Nación fuerte,
optimista y alegre, segura de sí misma, identificada con su Estado, en vez de
la cosa caótica y pesimista que fué hace sólo doce años.
El fascismo en sus primeros
tiempos, es, sobre todo, fe en la Nación, fe en nosotros mismos, y esta fe
integral, completa y absoluta es la que sublima a los hombres sus cualidades de
sacrificio y heroísmo. Por esta fe se lucha, se trabaja y, lo que es más
sagrado y más importante, se muere. En pocas palabras, los hombres y las
colectividades se superan, y esta ansia de superación, esta voluntad de ser y
crear, pensando no sólo en uno mismo, sino en la comunidad, en España, es lo
que nos es indispensable llevar a nuestro pueblo.
El siglo XIX nos ha dejado
su concepto materialista de la vida, degenerado ya en concepto egoísta e
individualista, al cual el fascismo opone una concepción antipositivista, pero
positiva.
El socialismo y el
sindicalismo revolucionario han tenido razones reales para nacer y vivir, y el
fascismo reconoce estas razones, las hace suyas y las incorpora a su Estado,
por medio de las Corporaciones, y sólo de esta manera, reconociendo su razón e
imponiéndola, se tendrá la solución a la lucha de clases que divide y mata a
una Nación.
En vez del Estado sin fe en
sí mismo, ineficaz e inútil, como el actual, opone el Estado vivo, que da al
pueblo, consciente de su unidad moral, una voluntad, un ideal superior, y sólo
este Estado podrá incorporar de una manera volitiva a los destinos comunes a
Cataluña y Vascongadas que, por ser las regiones más ricas y mimadas de España,
se han fabricado un ideal particularista al no encontrar en el Estado Español
más que un ente amorfo y desmoralizado que no cumplía con otro fin que el de ir
viviendo, y esto, como dice Mussolini, es morir.
El fascismo no cree en
fórmulas salvadoras in aeternum, pues sabe, como lo demuestra la Historia,
que la vida es un continuo ser y devenir; es realista y se conforma con
resolver los problemas que se le presentan; y en los que cree, y educa para
ello al pueblo, es que lo esencial es la manera de ser, el sentido de vivir, y,
por ello dice que la vida es lucha, y tiene un sentido grave, austero y
religioso, y desprecia la vida cómoda.
El fascismo es demasiado
serio y profundo; se podrá no estar conforme con él, pero hay que reconocerle
su afán humano de superación y su espíritu generoso.