martes, 12 de febrero de 2013

EL FASCISMO



Epílogo aparecido en la traducción española del libro de este nombre, de Mussolini

Existe la leyenda, de que el fascismo es sólo un régimen de opresión y tiranía, cuyo fin es conservar privilegios a las clases acomodadas, y de que el medio que emplea para conseguir este fin es la violencia.
Nada más lejos de la realidad, como habrán observado los que lean este libro, donde las doctrinas son expuestas, por el fundador de ellas, en ese estilo peculiar suyo, de gran definidor, claro, concreto y conciso, después de haberlas llevado a la práctica, y que al cabo de diez años han hecho de Italia una Nación fuerte, optimista y alegre, segura de sí misma, identificada con su Estado, en vez de la cosa caótica y pesimista que fué hace sólo doce años.


El fascismo en sus primeros tiempos, es, sobre todo, fe en la Nación, fe en nosotros mismos, y esta fe integral, completa y absoluta es la que sublima a los hombres sus cualidades de sacrificio y heroísmo. Por esta fe se lucha, se trabaja y, lo que es más sagrado y más importante, se muere. En pocas palabras, los hombres y las colectividades se superan, y esta ansia de superación, esta voluntad de ser y crear, pensando no sólo en uno mismo, sino en la comunidad, en España, es lo que nos es indispensable llevar a nuestro pueblo.
El siglo XIX nos ha dejado su concepto materialista de la vida, degenerado ya en concepto egoísta e individualista, al cual el fascismo opone una concepción antipositivista, pero positiva.
El socialismo y el sindicalismo revolucionario han tenido razones reales para nacer y vivir, y el fascismo reconoce estas razones, las hace suyas y las incorpora a su Estado, por medio de las Corporaciones, y sólo de esta manera, reconociendo su razón e imponiéndola, se tendrá la solución a la lucha de clases que divide y mata a una Nación.
En vez del Estado sin fe en sí mismo, ineficaz e inútil, como el actual, opone el Estado vivo, que da al pueblo, consciente de su unidad moral, una voluntad, un ideal superior, y sólo este Estado podrá incorporar de una manera volitiva a los destinos comunes a Cataluña y Vascongadas que, por ser las regiones más ricas y mimadas de España, se han fabricado un ideal particularista al no encontrar en el Estado Español más que un ente amorfo y desmoralizado que no cumplía con otro fin que el de ir viviendo, y esto, como dice Mussolini, es morir.
El fascismo no cree en fórmulas salvadoras in aeternum, pues sabe, como lo demuestra la Historia, que la vida es un continuo ser y devenir; es realista y se conforma con resolver los problemas que se le presentan; y en los que cree, y educa para ello al pueblo, es que lo esencial es la manera de ser, el sentido de vivir, y, por ello dice que la vida es lucha, y tiene un sentido grave, austero y religioso, y desprecia la vida cómoda.
El fascismo es demasiado serio y profundo; se podrá no estar conforme con él, pero hay que reconocerle su afán humano de superación y su espíritu generoso.