UNAS
PALABRAS DE JULIO RUIZ DE ALDA
(En el número 1 del
7-12-1933 de F. E.)
Ruiz de Alda es un magnífico ejemplar humano:
fuerte, resuelto, tenaz e inteligente; con esa inteligencia profunda y clara de
las mejores cabezas populares. En el mitin del Teatro de la Comedia -29 de
octubre- se mostró, además, como orador caliente y conciso, apto para infundir
a su palabra toda la eficacia comunicativa. El Movimiento iniciado por la
Falange Española tiene a Ruiz de Alda en uno de los primeros puestos de mando.
No podía privarse nuestra revista, en el primer número, del honor de unas
palabras suyas.
El fin del Movimiento que
empezó el 29 de octubre en el Teatro de la Comedia es el de crear no solamente
un Nuevo Estado sino un nuevo espíritu y un nuevo modo de ser en los españoles
y, por lo tanto, una España regenerada. Somos espiritualistas y no
materialistas, pero en nuestra táctica somos eminentemente realistas y buscamos
la eficacia. Nuestro camino ha de ser recto, duro, fuerte y necesita táctica
flexible.
Estas líneas van dirigidas
a los impacientes, a los que quieren que se les den resueltos problemas que
ellos son incapaces de resolver por sí mismos, a los que esperaban de nosotros
una actitud de violencia, sin pensar que ésta, cuando tiene un fin grande, una
necesidad o una justificación, puede ser útil, pero que por sí misma no lleva a
quien la emplea más que el descrédito, el odio y el desprecio de los demás.
Los gobernantes anteriores,
con sus equivocaciones y su conducta, nos han ayudado a crear un ambiente
prefascista en España. El mitin de la Comedia ha recogido este ambiente. Y
ahora estamos organizando los elementos que han acudido a nuestro llamamiento.
En el último período
electoral en que tantas esperanzas y egoísmos se movieron y tantas energías se
gastaron, no teníamos nada que hacer; pues, al no tener ni desear los tinglados
necesarios, nuestra salida a la lucha habría sido únicamente perturbadora y
sólo hubiéramos conseguido el quitar votos a los partidos no socialistas ni
separatistas.
Nuestra actuación empezará
ahora, entre los españoles, que libres de aquella obsesión, tendrán el ánimo
más sereno para recibir nuestras doctrinas y el espíritu más propicio para
lanzarse con alegría y fe a nuestro Movimiento, libres del temor que todo
español lleva dentro a ese coco inmediato de la falta de fe en sus propias
fuerzas, que no es otra cosa que cobardía.
Estén seguros los
impacientes de que todos los días darnos un paso adelante; de que este paso es
firme y seguro y de que el camino podrá ser largo y duro, pero que con fe y
espíritu de sacrificio llegaremos a la meta.
Nada más por hoy, sólo esta
consigna:
Fe, trabajo y disciplina.