martes, 12 de febrero de 2013

ESPAÑA DEBE TENER UNA ARMADA AÉREA EN RELACIÓN CON LAS DE EUROPA



Dadas las características de la frontera y de lo que su. pone un ataque por el Pirineo, las misiones en este frente de las tres fuerzas armadas aparecen claras y bien definidas.
Voy a tratar ahora de las fuerzas de tierra y de las fuerzas aéreas y a estudiar las misiones principales de las mismas. Concurren en este frente las siguientes circunstancias: La frontera es una cordillera alta, quebrada y con pasos muy contados para el transporte de elementos de combate sobre ruedas.
La frontera, a excepción de la parte occidental, va por la divisoria de la cordillera. La vertiente norte de la misma es corta; a pocos kilómetros se extiende el fértil y rico mediodía francés; por el sur, al contrario, hay fuertes estribaciones y cordilleras secundarias, paralelas a la principal, que forman una zona montañosa de varias decenas de kilómetros de fondo.
Al norte de la cordillera se extiende, inmediatamente a ella, un país rico, con grandes centros de poblaciones, abundantes nudos ferroviarios y concentraciones industriales de importancia.
Por el sur, un terreno duro, menos habitado y menos rico, sin grandes concentraciones ciudadanas e industriales y con muchas menos vías de comunicación.
O sea, que para fuerzas iguales, a un lado y otro de la frontera, España está en mejores condiciones para la guerra: tiene una defensiva fácil y una ofensiva menos costosa. Pero hoy, ¿puede España pensar en una ofensiva contra Francia? No. Y es inútil extenderse más en esta hipótesis, pues admitirla como posible supone el haber, no solamente conseguido nuestros fines indispensables, sino haberlos sobrepasado; supone, en pocas líneas, una España completamente distinta a la actual.


La defensiva terrestre

En cambio, es posible y hacedero mantener una defensiva terrestre de nuestra frontera; todos los que han estudiado las consecuencias derivadas de la guerra europea y los efectos de las armas automáticas saben que esto es posible.
El terreno es nuestro principal aliado; favorece el uso y mejora el rendimiento de todas las armas de gran coeficiente defensivo, e impide o dificulta en gran manera la utilización normal de las armas ofensivas, como los tanques o cañones pesados. Se puede asegurar que forzar los Pirineos por un Ejército, aunque sea tan potente como el francés, si la defensa de nuestro frente ha sido organizada con los elementos y con la táctica que ha enseñado la gran guerra, es cuestión de meses.

La guerra aérea

Y durante estos meses, ¿qué otras acciones se habrán desarrollado? Pues durante estos meses, si los países han resistido los quebrantos morales y materiales producidos por ella, se habrá desarrollado la guerra aérea. Y guerra aérea integral, pues dadas las condiciones topográficas donde la lucha terrestre se desenvuelve, las Aviaciones auxiliares o de cooperación (hoy discutidas aún) tendrán poco que hacer, y la nación más débil, si las tuviese al principio de la lucha, las uniría con su armada aérea para reforzar a ésta, pues ésta será la que en este caso tenga la misión principal de la guerra.
Y no vale para nada el razonamiento de considerar que España no puede tener una escuadra aérea suficiente para resistir la guerra alada, porque si esto se admitiese, y por esta razón se renunciase a tenerla, automáticamente habría que suprimir el Ejército, pues entonces no serviría para nada resistir en la frontera (en el caso de que esto fuese posible) si el resto del país quedaba a merced de la aviación enemiga, la cual haría imposible, no sólo la vida del Ejército, por desbaratar sus aprovisionamientos, sino la vida del país, pues destruiría sistemática e inexorablemente comunicaciones, ciudades, puertos, industrias, etc., etc.
Ocurre, además, que una armada afea es la única fuerza coercitiva que España puede tener en relación con Europa; armada al alcance de nuestros medios económicos y del potencial industrial español.
¿Qué características de empleo debe tener nuestra armada aérea? Para fijarlas hay que tener en cuenta dos circunstancias: una, la limitación de nuestros medios; otra, el estudio de las peculiaridades que se le presentarán para deducir el mejor rendimiento.
Como ya dije antes, Europa y España, y sobre la Europa que con este frente tendríamos que combatir, tienen características distintas: una, rica, poblada, llena de obras del hombre, necesarias para su vida y, sobre todo, para una nación en guerra, y, por otro lado, un país más pobre, con menos concentraciones humanas y con gran parte de él en estado primitivo; esto indica que España se encuentra con más blancos a abatir y menos riqueza a defender; esta conclusión es la que debe marcar las características de nuestra armada aérea, y, por lo tanto, éstas deberán ser especialmente ofensivas. Mayor rendimiento tendremos atacando que defendiendo. Todos los recursos aviatorios deberán ser empleados en aviones con potencia ofensiva contra el suelo.
Me permito llamar la atención a mis compañeros aviadores sobre el párrafo anterior. Desearía que reflexionen sobre ello, que lo discutan entre sí, y si encuentran que lo expuesto es verdad, no duden en arrostrar las consecuencias; no pierdan el tiempo, el dinero y el rendimiento en crear un mosaico en que estén representados todos los tipos de aviones y todas las posibilidades tácticas; piensen sólo en la guerra, que ésta es dura y fría, y no se presta a divagaciones ni a dudas de intelectual.
Al afirmar lo anterior no descuido ni olvido la defensa antiaeronáutica del país. Sólo afirmo que no se debe gastar ni una peseta del dinero consignado para aviación en aviones defensivos o, mejor dicho, en aviones defensivos de objetivos terrestres, pues si así se hace el rendimiento será menor, pues los objetivos terrestres nuestros siempre estarán abiertos a la aviación enemiga y nuestra armada aérea será más débil.
La defensa antiaérea deberá ser activa en Barcelona, grandes saltos de agua del Pirineo, zona industrial asturiana y vascongada, por medio de cañones y ametralladoras antiaeronáuticas, y habrá de preparar la resistencia pasiva en todo el país, a base de una estructura adecuada en las industrias fundamentales y de las medidas que luego se dirán.