martes, 12 de febrero de 2013

LA MISIÓN DE LAS FUERZAS ARMADAS ES LA GUERRA



Ninguna diferencia nos separa ni nunca nos debe separar de nuestros hermanos portugueses. Tengo la opinión, como la tiene el resto de los españoles, de que la tendencia debe ser estrechar cada vez más las relaciones entre los dos países, hasta que desaparezcan del todo las pequeñas diferencias que en el curso de la Historia hayan podido existir entre los dos pueblos, diferencias, además, siempre envenenadas por algún tercero en discordia.
Por esto no creo probable que suceda el caso que voy a presentar, pero en hipótesis lejana es posible. La hipótesis es que Portugal, voluntariamente, permita a un Ejército extraño que, tomando como base de operaciones su país, trate de invadir el nuestro.
El objetivo para las fuerzas armadas nuestras es claro y categórico: impedir desde el primer momento el desembarco del primer soldado extranjero en puerto portugués.
Todas las fuerzas armadas tienen que intervenir: La Marina, en el mar, con sus fuerzas sutiles; la Aviación, destruyendo los puertos y vías de comunicación, y el Ejército debe tomar la ofensiva inmediata para apoderarse de los dos puertos portugueses principales, para lo cual hay que dotarlo de unidades motorizadas de gran poder ofensivo, con un índice grande de tanques y artillería pesada.


Costas

Tienen razón los marinos en cuanto aseguran que la decadencia actual tiene como una de sus principales causas el haber vuelto el país las espaldas al mar, y tanta más razón tienen, por cuanto que esto sucedió cuando nuestras principales posesiones estaban en Ultramar, y la única manera de asegurar el contacto con los pueblos españoles de América eran los medios navales. El Imperio se creó teniendo como base nuestros navegantes y nuestras naos, en tiempos en que los generales y los caudillos tenían todos un poco de almirantes y los almirantes un mucho de caudillos.
Y tienen razón cuando afirman que la capacidad de expansión de un pueblo está representada por sus escuadras de combate, porque las escuadras de combate son un elemento característicamente ofensivo. Su misión, combatir y derrotar al enemigo, para tener la posesión de los mares o de parte de ellos, y según estas características peculiares suyas, sucede que una escuadra de combate, si tiene que combatir con una de fuerzas mucho mayores o tiene enfrente fuerzas muy superiores, adopta un papel pasivo, y, so pena de suicidio, no combate.
Por esta razón, por consideraciones de potencialidad económica, y, sobre todo, por considerar que lo primero a que debe tender España es a cumplir los llamados por mí fines indispensables, es por lo que creo que la tendencia hoy será a proveer a la Marina de todos los elementos defensivos necesarios, conforme al criterio que sienta el proyecto presentado a las Cortes para la defensa de Baleares.
A pesar de ello, yo espero que día llegará en que España, otra vez en camino de imperar, volverá a sentir la necesidad de ser dominadora de los mares del mundo.
Al decirlo me acuerdo de la trágica equivocación que supuso el volver las espaldas al mar, y sería triste que por no haber estudiado y medido las consecuencias de una equivocación de esta naturaleza volviésemos hoy a cometer otra igual por pensar en el pasado y no ver los nuevos fundamentos del problema.

Organización de las fuerzas armadas

Las tres fuerzas armadas, de tierra, de mar y de aire, tienen una misma misión inseparable: la guerra, y un solo fin: la victoria.
Si, además, el teatro de la guerra es la misma nación y el objetivo de la misma está igualmente localizado en su territorio, donde no hay imperio que defender ni supremacía absoluta, dadas sus misiones entre las tres fuerzas armadas, una primera consecuencia se deduce claramente: la necesidad de una política, un mando y una doctrina.
Pero hoy ocurre lo siguiente: en España existe un Ejército con organizaciones directoras copiosas y un Ministerio; una Marina en idénticas circunstancias y un engendro de Aviación con una Dirección general.
El presupuesto de Guerra y Marina está agotado por sus necesidades, y existe una resistencia explicable a que la Aviación aumente a sus expensas. El presupuesto nacional tiene un déficit grande y, por lo tanto, cuenta con una resistencia gubernamental a aumentar lo necesario e imprescindible para las fuerzas aéreas.
Existen dos ministros defensores de sus respectivos departamentos, y no existe el representante directo de aviación.
Todas las organizaciones grandes, como son Guerra y Marina, oponen una resistencia, proporcional a su masa, a todo cambio, y así hoy estamos encerrados en un círculo vicioso. Esto es, no habrá fuerzas aéreas mientras no haya ministerio de Aire, y no habrá ministerio de Aire mientras no haya fuerzas aéreas, pues todos los intentos y tanteos que desde hace años se inician van fracasando unos tras otros.
La solución de este problema será motivo del artículo próximo.