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martes, 12 de febrero de 2013

ESPAÑA PUEDE INTERVENIR EN EUROPA



Hoy la guerra aérea será una realidad, y esto hace cambiar el panorama expuesto en los artículos anteriores. Con la guerra aérea ya no es verdad la síntesis deducida de la Gran guerra, pues todo el territorio nacional se ha abierto a la lucha.
La retaguardia no podrá trabajar en paz. Ahora hay que defender los centros productores, las vías de comunicación, las ciudades y los habitantes del país.
¿Cómo conseguirlo? Activa y pasivamente.
La defensa activa depende directamente del mando militar, y por éste tendrá que ser estudiada, organizada y ejecutada.
En cambio, en la defensa pasiva tiene que intervenir toda la nación. Es un nuevo hecho que se presenta, complejo y difícil, y, por lo tanto, necesario, de preparación minuciosa y constante; los planes tienen que ser hechos en tiempos de paz, así como la preparación y organización de los habitantes civiles para la defensa pasiva.

HAY QUE HACER SOLDADOS



Tenemos el servicio obligatorio, como lo tienen la mayoría de las naciones, siguiendo la teoría de la nación en armas; pero hoy existe una pequeña diferencia con el resto de Europa, pues en ellas existen soldados y en España no los hay.
Todas las naciones se han encontrado con el hecho evidente de la necesidad de crearlos. En los regímenes democráticos existe la dificultad de aumentar el tiempo de permanencia en los cuarteles por la repercusión electoral que el hecho trae consigo; pero todas las naciones se esfuerzan por conseguirlo. En Rusia, Italia, Alemania y otros países, por la educación premilitar obligatoria. En Inglaterra, país de gran patriotismo, y donde las necesidades del país son comprendidas, dada la gran educación social de los ingleses, son preparados por medio de asociaciones especiales. En Francia, por la ayuda que el Estado presta a todas las colectividades y asociaciones que tengan estos fines. Y así sucede que en estas naciones, unas en más y otras en menos, los mozos llegan a los cuarteles, en su gran mayoría, hechos soldados moral y materialmente, y en los cuarteles queda sólo la misión de darles las enseñanzas especializadas.
Pero en España no sucede esto. Los mozos llegan al cuartel sin ideal de ningún género, con una idea falsa del mismo y de la milicia; están en el servicio poquísimo tiempo por necesidades presupuestarias, y durante él no tienen tiempo de hacerse soldados, y lo poco aprendido es olvidado inmediatamente. De la deformación del servicio obligatorio y de su espíritu, por causas económicas y técnicas, resulta que la nación en armas, fundamento del sistema, es una palabra bonita, pero nada más, pues la resultante es una nación desarmada.

HAY QUE UNIFICAR LAS FUERZAS DE TIERRA, MAR Y AIRE



El Gobierno tiene que decidirse. La Aviación ¿es o no es fuerza armada? Su aparición ¿es una revolución en el arte de la guerra, o es sólo un perfeccionamiento? Al tomar una resolución, si se equivoca, las consecuencias de esta equivocación son enormes y hasta trágicas. Pero una vez decidido debe ir por la línea recta a poner en obra lo acordado. Hoy es fácil decidirse; no tiene más que ver lo hecho por las grandes potencias.
En unas hay Ministerio del Aire; en otras, Ministerio de Defensa Nacional. En España, ¿qué? Para contestar a esta pregunta yo sólo pondré de manifiesto que desde hace muchísimo tiempo el Estado español tiene un defecto esencial, y es que sus distintos organismos son compartimientos estancos en vez de formar un conjunto orgánico. Para corregir este defecto hay que empezar por la centralización del espíritu de los órganos de idéntica misión. En España existen tantos o más organismos directores, consultivos, de estudios, etc., etc., que en Inglaterra o Alemania, pero con una diferencia, y es que estos organismos no pueden cumplir su misión porque cuando se llega a realizar las conclusiones deducidas de lo estudiado, no se puede hacer nada por estar los órganos inferiores anémicos, sin savia y sin elementos, como sucede en Guerra y Marina, que tienen una gran cabeza y unos débiles pies y brazos.

LA MISIÓN DE LAS FUERZAS ARMADAS ES LA GUERRA



Ninguna diferencia nos separa ni nunca nos debe separar de nuestros hermanos portugueses. Tengo la opinión, como la tiene el resto de los españoles, de que la tendencia debe ser estrechar cada vez más las relaciones entre los dos países, hasta que desaparezcan del todo las pequeñas diferencias que en el curso de la Historia hayan podido existir entre los dos pueblos, diferencias, además, siempre envenenadas por algún tercero en discordia.
Por esto no creo probable que suceda el caso que voy a presentar, pero en hipótesis lejana es posible. La hipótesis es que Portugal, voluntariamente, permita a un Ejército extraño que, tomando como base de operaciones su país, trate de invadir el nuestro.
El objetivo para las fuerzas armadas nuestras es claro y categórico: impedir desde el primer momento el desembarco del primer soldado extranjero en puerto portugués.
Todas las fuerzas armadas tienen que intervenir: La Marina, en el mar, con sus fuerzas sutiles; la Aviación, destruyendo los puertos y vías de comunicación, y el Ejército debe tomar la ofensiva inmediata para apoderarse de los dos puertos portugueses principales, para lo cual hay que dotarlo de unidades motorizadas de gran poder ofensivo, con un índice grande de tanques y artillería pesada.

ESPAÑA DEBE TENER UNA ARMADA AÉREA EN RELACIÓN CON LAS DE EUROPA



Dadas las características de la frontera y de lo que su. pone un ataque por el Pirineo, las misiones en este frente de las tres fuerzas armadas aparecen claras y bien definidas.
Voy a tratar ahora de las fuerzas de tierra y de las fuerzas aéreas y a estudiar las misiones principales de las mismas. Concurren en este frente las siguientes circunstancias: La frontera es una cordillera alta, quebrada y con pasos muy contados para el transporte de elementos de combate sobre ruedas.
La frontera, a excepción de la parte occidental, va por la divisoria de la cordillera. La vertiente norte de la misma es corta; a pocos kilómetros se extiende el fértil y rico mediodía francés; por el sur, al contrario, hay fuertes estribaciones y cordilleras secundarias, paralelas a la principal, que forman una zona montañosa de varias decenas de kilómetros de fondo.
Al norte de la cordillera se extiende, inmediatamente a ella, un país rico, con grandes centros de poblaciones, abundantes nudos ferroviarios y concentraciones industriales de importancia.
Por el sur, un terreno duro, menos habitado y menos rico, sin grandes concentraciones ciudadanas e industriales y con muchas menos vías de comunicación.
O sea, que para fuerzas iguales, a un lado y otro de la frontera, España está en mejores condiciones para la guerra: tiene una defensiva fácil y una ofensiva menos costosa. Pero hoy, ¿puede España pensar en una ofensiva contra Francia? No. Y es inútil extenderse más en esta hipótesis, pues admitirla como posible supone el haber, no solamente conseguido nuestros fines indispensables, sino haberlos sobrepasado; supone, en pocas líneas, una España completamente distinta a la actual.

LA AVIACIÓN HA REVOLUCIONADO EL ARTE TRADICIONAL DE LA GUERRA



Una doctrina de guerra es la que, después del estudio del objetivo a cumplir, establece la proporcionalidad, uso y distribución de las fuerzas armadas conducentes a obtener el máximo rendimiento, teniendo como base una cantidad fija.
Esta cantidad es la consignada en los presupuestos de la Nación y es fijada por el Gobierno y por el Parlamento. La misión a realizar es conseguir la autodefensa de la Nación y el dominio del Estrecho. Hay que partir, para el estudio, de la Nación sola, o sea, que ella baste para cumplir estos objetivos. Esto no quiere decir que se arranque del supuesto de que vamos a luchar solos contra el mundo, no; sino que no es posible ir a una alianza ni conservar la libre decisión de nuestros destinos sin tener asegurados estos fines indispensables.
En cambio, con ellos conseguidos, automáticamente España sería gran potencia europea, con todos los derechos y todos los deberes que este rango impone; automáticamente sería la aliada o la amiga de las potencias interesadas; automáticamente volvería a tener la máxima categoría como nación, y esas propagandas disolventes internas que hoy padecemos y esos hechos ocultos que hoy se producen, inexplicables, pero todos conducentes al fracaso del Estado, irían desapareciendo.

EL ESTRECHO, EJE DE LA POLÍTICA MILITAR



Hoy, con la nueva arma, con la Aviación, Gibraltar (plaza) ha perdido su principal característica, la que le daba su mayor fuerza, que era la de ser base naval, apoyo de la flota inglesa, la que permitía a la misma tener el dominio del Estrecho. Hoy Gibraltar, teniendo a España enfrente, no puede ser el cobijo de una flota enemiga nuestra. Se han variado los términos en que estaba basado el "statu quo" actual, y sólo España puede y debe sacar las consecuencias de esta variación. Debemos prepararnos decididamente y sin vacilaciones a cumplir con esta misión permanente, y, con ésta cumplida, dirigirnos al mundo, seguros de ser escuchados; si no lo hacemos, como la situación no puede seguir indecisa, España se verá aun más limitada en sus derechos, obligada por las potencias interesadas a nuevas dejaciones de su soberanía. "Cuanto más fácil nos sea neutralizar el Estrecho más mediatizados estaremos, como no tengamos la decisión de dominarlo."
Y para hacer resaltar la trascendencia de la Aviación como fuerza armada en la política internacional de las potencias, hay que observar que Inglaterra, el Imperio inglés, abandona cada vez más su espléndido aislamiento, su tradicional política de arbitrio europeo, para ser una potencia continental.

GIBRALTAR, ESPAÑOL



Pocas naciones en el mundo tienen tan marcada e impuesta su política militar como España. El haberla olvidado o abandonado ha traído la actual decadencia nacional.
Antes de referirme a ella voy a explicar unos puntos de vista que, si son personales, constituyen el resultado de observar y estudiar todos los grandes hechos nacionales que hoy se producen ante nuestros ojos y todos los ejemplos que nos ofrece la Historia.
Para plantear una política internacional lo primero que se precisa es dividir el mundo en dos partes bien delimitadas y separadas: de una parte, la Patria; el resto del mundo, de otra.
Esto no quiere decir que hay que mirar al resto del mundo como a enemigo, no; pero, lo primero, hay que estudiar y conocerse a sí mismo, sin prejuicios, seca y duramente, pero como una parte completa, sin "obligadas" ayudas ajenas, que siempre deforman el estudio y sus conclusiones. Desde el punto de vista militar, todas las naciones se ven en la necesidad de la autodefensa; pero muchas, y esto sucede a España, encuentran que tienen misiones derivadas de su situación geográfica o de sus necesidades comerciales e imperiales, las cuales poseen una esencia internacional.
Todos o casi todos admiten que la defensa del suelo patrio debe ser realizada con el esfuerzo de los propios ciudadanos, y que todo pueblo que, bien por incapacidad orgánica, por desgana o por lo que sea, cede esta obligación a otro pueblo, automáticamente deja de ser nación, para llegar a ser, lo más, un satélite de la nación protectora.
Pues bien; absolutamente lo mismo ocurre cuando se abandonan esas misiones permanentes que del estudio propio aparecen impuestas a una nación.

ESPAÑA SIN POLÍTICA MILITAR



Preocupa al Gobierno español desde hace algún tiempo la defensa nacional. Se ha presentado ya a las Cortes un proyecto de construcciones navales, inspirado en la defensa naval de Baleares. En las notas oficiosas de los últimos Consejos de ministros está plasmada esta preocupación.
Al mismo tiempo, en el debate parlamentario sobre política internacional, promovido por el conde de Romanones, se han manifestado puntos de vista, más o menos acordes, acerca de la posición de España sobre el Estrecho y sobre el Mediterráneo.
Los oradores han hablado mirando al pasado, para obtener consecuencias para el presente. No opinaré sobre ello, pero creo que es más interesante ver el presente proyectado sobre el porvenir, singularmente en cuanto concurren circunstancias nuevas y hechos nuevos; porque, si no, la conclusión (pesimista y desesperanzada) no es exacta.
Mi inmodesta pretensión al escribir estas líneas es tomar por base estas nuevas circunstancias y, en los magníficos hechos nacionales que hoy se desarrollan en todo el mundo, explicar una posible política militar a seguir, en consonancia con una política internacional más optimista y más española que la conocida por nosotros y por las anteriores generaciones.

PRÓLOGO


Hace pocos meses se publicó en el diario YA, en forma periodística, el presente ensayo, teniendo sólo en cuenta la situación geográfica de España, sin considerar en concreto ningún conflicto, por lo que las conclusiones deducidas eran, asimismo, generales.
Hoy la situación de Europa ha variado; existe una pugna, un forcejeo, entre dos Estados, Italia e Inglaterra, que preparan activa e intensamente todas sus fuerzas, y especialmente las utilizables para el dominio del Mediterráneo o garantía del libre movimiento en él. El actual antagonismo ha tenido como pretexto público la decisión italiana de dominar en el país negro de Abisinia, miembro de la Sociedad de Naciones. Inglaterra, apoyándose en el Pacto, pretende oponerse obrando en nombre de éste. Es obvio decir que si la lucha entre estos países se entabla es porque existen motivos mucho más profundos e importantes. Inglaterra no convencerá a nadie, y menos a los hombres de color, de que luche exponiendo su escuadra por proteger una nación negra, ella que ha hecho su imperio a base de "racismo", a base de la superioridad del hombre del Norte y blanco. Nadie que haya seguido con una mínima atención la marcha de la Sociedad de Naciones podrá creer que Inglaterra defienda únicamente los principios de la misma, vista su actitud ante otras violaciones del Pacto.