Hoy la guerra aérea será
una realidad, y esto hace cambiar el panorama expuesto en los artículos
anteriores. Con la guerra aérea ya no es verdad la síntesis deducida de la Gran
guerra, pues todo el territorio nacional se ha abierto a la lucha.
La retaguardia no podrá
trabajar en paz. Ahora hay que defender los centros productores, las vías de
comunicación, las ciudades y los habitantes del país.
¿Cómo conseguirlo? Activa y
pasivamente.
La defensa activa depende
directamente del mando militar, y por éste tendrá que ser estudiada, organizada
y ejecutada.
En cambio, en la defensa
pasiva tiene que intervenir toda la nación. Es un nuevo hecho que se presenta,
complejo y difícil, y, por lo tanto, necesario, de preparación minuciosa y
constante; los planes tienen que ser hechos en tiempos de paz, así como la
preparación y organización de los habitantes civiles para la defensa pasiva.