martes, 12 de febrero de 2013

ESPAÑA PUEDE INTERVENIR EN EUROPA



Hoy la guerra aérea será una realidad, y esto hace cambiar el panorama expuesto en los artículos anteriores. Con la guerra aérea ya no es verdad la síntesis deducida de la Gran guerra, pues todo el territorio nacional se ha abierto a la lucha.
La retaguardia no podrá trabajar en paz. Ahora hay que defender los centros productores, las vías de comunicación, las ciudades y los habitantes del país.
¿Cómo conseguirlo? Activa y pasivamente.
La defensa activa depende directamente del mando militar, y por éste tendrá que ser estudiada, organizada y ejecutada.
En cambio, en la defensa pasiva tiene que intervenir toda la nación. Es un nuevo hecho que se presenta, complejo y difícil, y, por lo tanto, necesario, de preparación minuciosa y constante; los planes tienen que ser hechos en tiempos de paz, así como la preparación y organización de los habitantes civiles para la defensa pasiva.


Los cometidos que se presentan

Dos cometidos distintos son los que principalmente se presentan. Uno, la defensa de los centros productores y vías de comunicación; otro, la defensa de las ciudades y de la población de las mismas, pues los objetivos primeros de las fuerzas aéreas enemigas serán precisamente los centros productores, las comunicaciones y los núcleos urbanos.
Centros productores: dos caminos hay a seguir: primero, concentrar en pocos lugares de la Península todas las industrias necesarias y defender estas aglomeraciones vitales con todos los elementos de que disponga la nación. Esta solución podría ser buena en el caso de conseguirse esta defensa y de que fuese viable en la realidad.
Ninguna de estas dos condiciones se cumplen, pues como las prácticas y maniobras realizadas lo demuestran, no se puede conseguir esta invulnerabilidad, y al no conseguirla, los ataques a estos centros nerviosos y vitales serían catastróficos para nosotros; asimismo, hoy no se puede o no tiene poder el Estado para conseguir estas concentraciones industriales.
El segundo procedimiento es el contrario, o sea, la dispersión de los centros productores. Este es realizable, sobre todo si el Estado organiza bien la movilización de industrias civiles, teniendo especial interés en que la base de esta movilización sean las direcciones técnicas y los utillajes, para que se puedan utilizar todas las instalaciones y talleres del país. De esta manera se puede conseguir que siempre los elementos indispensables se puedan producir en España en más o menos proporción, según sea el destrozo causado por la fuerza aérea enemiga.
Las vías de comunicación tienen su mejor defensa en su número, teniendo cuidado, sobre todo, de que en las vías férreas no existan nudos donde se reúnan muchas líneas.
Ciudades. La primera disposición que se debe estudiar y preparar es la evacuación inmediata de las grandes ciudades por harte de las personas que no realicen una labor necesaria. Esta población deberá ser desplazada a pueblos y aldeas, y, como he dicho antes, debe estar preparada y organizada, hecho el censo de las personas a evacuar, las cuales deben tener las instrucciones necesarias para el buen cumplimiento de la orden.
Asimismo, hay que organizar las demás medidas de defensa, subterráneos, caretas contra los gases, organización sanitaria y contra incendios, etc., etc.

España puede intervenir en Europa

Como habrán visto los lectores que me hayan leído, he intentado hacer un bosquejo de nuestra defensa nacional. He esbozado una posible política militar, una doctrina, una organización y una preparación nacional para la guerra.
No he hablado nada de política, de política menuda, que nos divide, pues no hace falta hablar de ella cuando se exponen las grandes misiones de los pueblos. Ruego a los españoles que me hayan leído que mediten sobre lo escrito, que es fácil que haya puntos de vista equivocados, pero que si la nación quiere, si queremos nosotros, España puede y debe intervenir con su propia personalidad en Europa y en el mundo. La actual inestabilidad universal nos ofrece y nos ofrecerá magníficas oportunidades para volver a rehacer nuestra España moral y materialmente.           .
Pensad que Europa está sin terminar, que la tendencia fatal es hacia la unidad, que la guerra europea no cumplió esta misión unificadora, tal vez por no haber ningún vencedor absoluto, y, sobre todo, hay que tener presente que el Tratado de Versalles ha fracasado rotundamente por no ajustarse a esa tendencia, pues ha dividido Europa más de lo que estaba, y la tensión interna es hoy mayor que nunca; existe la pugna de naciones y pueblos por superarse, por imponer su unidad, su concepto de la vida y su espiritualidad.
Los pueblos que, como dice Spengler, "están en forma", o sea, las naciones vitales, las que tienen aspiraciones y decisión de ser dominadoras y directoras, ponen su energía y su trabajo en prepararse para la lucha, hecho que fatalmente sobrevendrá.
¿Cuál es la posición de España y cuál debe ser ante este porvenir?

¿Es posible la neutralidad?
Hoy, unánimemente, todas las plumas, todas las declaraciones oficiales y particulares están conformes en contestar: España debe ser neutral. Alrededor de esta palabra, y no digo de este hecho, se discute, se escribe y hasta se justifica nuestra política militar.
Pero, ahora bien: ¿es posible esta neutralidad? Estoy seguro de que no; pero, además, yo pregunto: ¿Es conveniente para España esta neutralidad absoluta e incondicional?
Estas preguntas plantean el dilema trascendental más medular de España:
¿España es, como dice Spengler, un pueblo viejo, acabado, que gastó su sangre joven y su energía vital creando América, como parece indicar la mediocridad de la vida colectiva de nuestros últimos tiempos, o, por el contrario, estamos en un momento regenerativo, joven, de acumulación de energías, y, por lo tanto, con posibilidades de emprender otra vez obras y hechos universales? O, dicho de otro modo: España, como colectividad, como unidad, como destino y, por tanto, su Estado, ¿tiene misión universal que cumplir, o sólo tiene la misión de regular la vida interna de los españoles, dejando que gastemos nuestras energías en luchas internas?
Según la posición que adoptemos ante este problema tendremos contestada la pregunta anterior. Si nos colocamos en el concepto negativo de España no cabe duda de que la neutralidad ante Europa; ante el mundo, se impone. Ahora bien; neutralidad nominal hacia afuera, pero guerra civil en el interior, pues con este concepto de España, los catalanes, los vascos y mañana los gallegos y los valencianos, "o sea, los pueblos con la conciencia de sí mismos", tratan y tratarán de explicar la razón de su separatismo, por no conformarse a carecer de una vida superior colectiva, una misión que realizar en el mundo; y si este concepto de España perdurase, España se desmembrará después de luchas sangrientas e ineficaces. Pero si nos colocamos en la posición positiva no podemos hablar de neutralidad incondicional ante un próximo conflicto del que no sabemos quiénes van a ser los actores y qué fines va a tener. Entonces lo que hay que hacer es preparar a España para que cumpla con su misión, arrostrando para ello la posibilidad, la necesidad y la, convicción de luchar y combatir. Y sólo con este concepto positivo de la Patria, España perdurará.
La neutralidad como fin es signo de impotencia y de descomposición.