Tenemos el servicio
obligatorio, como lo tienen la mayoría de las naciones, siguiendo la teoría de
la nación en armas; pero hoy existe una pequeña diferencia con el resto de
Europa, pues en ellas existen soldados y en España no los hay.
Todas las naciones se han
encontrado con el hecho evidente de la necesidad de crearlos. En los regímenes
democráticos existe la dificultad de aumentar el tiempo de permanencia en los
cuarteles por la repercusión electoral que el hecho trae consigo; pero todas
las naciones se esfuerzan por conseguirlo. En Rusia, Italia, Alemania y otros
países, por la educación premilitar obligatoria. En Inglaterra, país de gran patriotismo,
y donde las necesidades del país son comprendidas, dada la gran educación
social de los ingleses, son preparados por medio de asociaciones especiales. En
Francia, por la ayuda que el Estado presta a todas las colectividades y
asociaciones que tengan estos fines. Y así sucede que en estas naciones, unas
en más y otras en menos, los mozos llegan a los cuarteles, en su gran mayoría,
hechos soldados moral y materialmente, y en los cuarteles queda sólo la misión
de darles las enseñanzas especializadas.
Pero en España no sucede
esto. Los mozos llegan al cuartel sin ideal de ningún género, con una idea
falsa del mismo y de la milicia; están en el servicio poquísimo tiempo por
necesidades presupuestarias, y durante él no tienen tiempo de hacerse soldados,
y lo poco aprendido es olvidado inmediatamente. De la deformación del servicio
obligatorio y de su espíritu, por causas económicas y técnicas, resulta que la
nación en armas, fundamento del sistema, es una palabra bonita, pero nada más,
pues la resultante es una nación desarmada.
La formación del soldado
A los soldados hay que
hacerlos, o dentro del cuartel con más tiempo en filas, hasta su total
formación, cosa difícil, casi imposible, dada la cantidad que este sistema
requiere, o empezando su formación antes, formándolos durante la mocedad moral
y físicamente. Para esto tiene el Estado que empezar a cumplir otro de sus
grandes deberes: la enseñanza. Y no sólo la enseñanza bajo el punto de vista
cultural, sino desde el más esencial para un ciudadano: la moral, la que hace
los hombres. La instrucción premilitar sería dada al mismo tiempo que las
enseñanzas profesionales y técnicas. Y para la implantación y organización de
esta enseñanza premilitar cuenta España con los miles de oficiales retirados
por la ley Azaña.
Por último, llamo la
atención sobre el hecho de que la inmensa mayoría de los regimientos están
alojados en cuarteles no idóneos, antiguos conventos sobre todo, enclavados en
los centros de las ciudades, y la distribución de las fuerzas no está adaptada
a fines estratégicos, sino muy influenciada por la política de partidos y por
la influencia de los prohombres de la política, o sea, por razones de orden
interno.
Así resulta un hecho que se
repite con desgraciada frecuencia en la vida nacional. Ineficacia e impotencia
de los organismos colectivos. Se olvida el fin de los mismos a causa de
deformaciones impuestas por ideas y sentimientos, que generalmente son
consecuencia de debilidades o de egoísmos.
Observemos, en síntesis, un
regimiento español, y veremos que la vida dentro del cuartel hoy está dirigida
al halago de los sentimientos simples del soldado. Parece que el razonamiento
central en que se basa esta conducta es el siguiente: el Estado tiene poca
razón en arrancarte de tu vida ordinaria al someterte a una disciplina; tu
misión en el cuartel sólo es pasar lo mejor que puedas estos pocos meses, sin
grandes tropiezos ni fatigas. Y así resulta que en los cuarteles se consume la
inmensa mayoría del tiempo en cosas pequeñas y rutinarias. Se han creado
hogares del soldado, éstos comen bien, van teniendo canas, pero siguen sin ser
soldados moral y materialmente. Y fijarse bien que es una actitud semejante a
las que la sociedad y el Estado actual adoptan ante las organizaciones
marxistas y revolucionarias. Al obrero hoy se le mima y se le halaga en lo
secundario y en lo político porque dispone de fuerza política y "porque
tiene parte de razón en sus fines"; pero se le niega "lo medular y lo
fundamental"; y al soldado de hoy se le mima y se le halaga por razones
asimismo políticas, pero no se le hace soldado ni se le prepara para la guerra.
África y Asturias
demuestran lo anterior. Los regimientos no iban preparados ni para pelear ni
para vivir en el campo.
La guerra se hace en la
tierra, en el mar y en el aire, y en estos tres abiertos elementos hay que
educar y preparar a los soldados. Hoy los regimientos necesitan más campo y
menos ciudad.
Preparación guerrera
La gran guerra demostró que
en los futuros conflictos entre naciones, sobre todo si éstas tienen un frente
común, intervendrán todas las fuerzas y recursos morales y materiales de los
pueblos en lucha, pues el vencedor será el que antes haya destrozado estas
fuerzas y estos recursos. Esto quiere decir que una nación en guerra tiene que
poner en tensión y al servicio de sus fuerzas armadas todas sus energías, todas
sus actividades y todo su trabajo. Ya no son ejércitos los que luchan
solamente; ahora luchan los pueblos enteros.
El frente de batalla es un
enorme crisol donde se vuelca todo el potencial moral y material de la nación.
Sintetizando se llegaba a
la siguiente conclusión: En una guerra toda la nación trabajaba para el frente,
mientras en éste las fuerzas armadas luchaban y morían.
Se había ensanchado el
frente de los que intervenían en la lucha a toda la nación; unos trabajaban y
producían los elementos que el frente necesitaba; los otros son los que
combatían.
Los primeros, para trabajar
y producir, sólo necesitaban primeras materias, técnica, instalaciones y
utillajes industriales, más una buena organización distributiva, pues mientras
los frentes los amparasen, o sea, mientras estuviesen detrás de los mismos, no
tenían que temer ni destrucción de las fábricas, depósitos y vías de
comunicación, ni el peligro de sus vidas ni de las de sus familias. El Estado y
los responsables de la guerra se encontraban ante un magno problema, civil,
ante un magno problema industrial, ante un caso y una situación muy parecidos
al problema actual ruso en dictadura staliniana.
Una dirección con
extraordinarios poderes, sometiendo en una disciplina de guerra a un pueblo,
con el fin de producir los elementos necesarios y suficientes para alimentarlo
y proveer las cada vez más exigentes necesidades del frente.
Como habrán visto los
lectores, no he tenido en cuenta la acción de la aviación en el anterior
conflicto, dado que su actuación fué solamente embrionaria, y la guerra aérea,
en la concepción actual, no existió.