Hace pocos meses se publicó
en el diario YA, en forma periodística, el presente ensayo, teniendo sólo en
cuenta la situación geográfica de España, sin considerar en concreto ningún
conflicto, por lo que las conclusiones deducidas eran, asimismo, generales.
Hoy la situación de Europa
ha variado; existe una pugna, un forcejeo, entre dos Estados, Italia e
Inglaterra, que preparan activa e intensamente todas sus fuerzas, y
especialmente las utilizables para el dominio del Mediterráneo o garantía del
libre movimiento en él. El actual antagonismo ha tenido como pretexto público
la decisión italiana de dominar en el país negro de Abisinia, miembro de la
Sociedad de Naciones. Inglaterra, apoyándose en el Pacto, pretende oponerse
obrando en nombre de éste. Es obvio decir que si la lucha entre estos países se
entabla es porque existen motivos mucho más profundos e importantes. Inglaterra
no convencerá a nadie, y menos a los hombres de color, de que luche exponiendo
su escuadra por proteger una nación negra, ella que ha hecho su imperio a base
de "racismo", a base de la superioridad del hombre del Norte y
blanco. Nadie que haya seguido con una mínima atención la marcha de la Sociedad
de Naciones podrá creer que Inglaterra defienda únicamente los principios de la
misma, vista su actitud ante otras violaciones del Pacto.
Como se ha dicho antes, la
causa de la actitud inglesa es la existencia en el centro del Mediterráneo de
un pueblo decidido a ser libre y, sobre todo, con fuerza expansiva e ideal
imperial tal, que, siguiendo su marcha ascendente actual, llegará fatalmente
dentro de muy pocos años a controlar el Mediterráneo medio. Esta es la razón,
la necesidad fatal que obliga al Imperio británico a combatir. Hay que fijarse
en que el Imperio inglés, robusto, rico, conservador, tiene elementos y tiempo
para elegir el momento mejor; ellos hoy no van a combatir para poseer nada
nuevo, ni por el peligro inmediato de que nadie intente herir sus intereses;
ellos combatirán por impedir que otro Estado sea tan vigoroso y libre que el
día de mañana pueda amenazar sus intereses imperiales. Poseen una diplomacia
magnífica, un pueblo frío con le decisión del que impera y quiere seguir
imperando, y han encontrado un motivo maravilloso para imponer sus deseos: el
motivo "Etiopía". No cabe duda de que Londres conocía los propósitos
de Mussolini desde antes de Stressa. Londres en ese momento calló, y calló
hasta el instante en que Mussolini tenía en Eritrea y Somalia doscientos mil
hombres, hasta el momento en que la ilusión de los italianos por la empresa era
tal, dados los gastos y los esfuerzos realizados, que Italia no podía volverse
atrás sin que el régimen político cambiase y sin que políticamente Italia
"volviese a ser feudataria de Londres". Con este motivo entre sus
manos, la diplomacia inglesa ha maniobrado de tal manera, que colocándose en
una posición puritana y legalista trata de conseguir, utilizando todos los
resortes posibles, amenazas y ofrecimientos (Francia), simple exposición de sus
deseos (España), intereses antisfascistas, etcétera, etc., que por la Sociedad
de las Naciones se la confiera el mandato de castigar a una nación que intenta
romper los convenios por los cuales se dice estos días que se rigen las
naciones civilizadas. En esta lucha combatirán solos, pero apoyados por todos
los paises que posean elementos aprovechables.
En el ensayo ya indicado
hice bastantes afirmaciones y saqué varias conclusiones. Hoy el conflicto
angloitaliano nos da elementos para saber si las afirmaciones eran ciertas o
no, y el final de la lucha nos dirá si las conclusiones estaban bien o mal
deducirlas. En el ensayo digo que, dada su especial situación, el Estrecho de
Gibraltar no puede ser libre, que siempre tendrá un poder que lo domine. Hoy,
si los españoles leen los periódicos del mundo, verán que el Estrecho es inglés
y no español, que las Baleares eran un problema accesorio, pero no fundamental.
En la próxima lucha, si se entabla, serán tal vez base de aviación y punto de
recalado de los barcos.
Y, sobre todo, quiero hacer
resaltar la urgencia, la imperiosa necesidad de que España se ponga en
condiciones de ser libre de obrar con arreglo a su voluntad y conveniencia,
pues hoy se dibuja en el espacio una posible actuación de España en el posible
conflicto. Actuación obligada, no por cumplir con el artículo 16 del Pactó de
las Naciones, sino porque mientras no poseamos el Estrecho no seremos libres,
ni interior ni exteriormente, y se va a dar el triste caso de que España va a
combatir para que las amarras que la sujetan sean más fuertes, en contra de su
propio interés y en contra del deseo de todo el país.
Septiembre de 1935.